Y Ulises… dejó de soñar.

Nada había cambiado, Ulises se vio de nuevo frente a la inmensidad del mar.
La luna dejaba una estela plateada marcando aquel camino que le llevaría de nuevo a Itaca.

 

Muchas lunas le habían iluminado y muchas estelas había recorrido para volverla a encontrar, pero de nuevo otros cantos de sirenas le retenían y la inquietud como un veneno administrado gota a gota, le impedía regresar.

 Cerró sus ojos mientras la brisa salada se enredaba entre su pelo y soñó que no era un héroe.
 
Soñó que no era el adalid de todos aquellos que buscan su destino y no lo encuentran, de todos los que persiguen sus Itacas privadas, de todos los que la han imaginado como un paraíso. 

Soñó que la primavera le encontraba en su casa, debajo de los almendros, viendo como Penélope tejía un tapiz en forma de sueño.
 Soñó que los álamos perdían sus hojas otoño tras otoño formando pequeños montones de hojas secas que susurraban un nombre.
 Soñó que las primeras nieves del invierno cubrían su cabeza y las ancianas en los posos leían su destino. El destino de los dos.

 Abrió los ojos y sólo vio un mar vigilante, tenso. Olas de plata, marcando caminos de agua se abrían frente a él y sobre ellas la llamada de su destino. La búsqueda, la soledad. El destino de un héroe. La luna le miraba desde su fría blancura y Ulises inclinando la cabeza… dejó de soñar.
Anuncios

6 comentarios el “Y Ulises… dejó de soñar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s