La autora…

“La noche era fría y oscura”… del, del, del… “La fría noche la envolvía con su oscuridad”… del, del, del… “Ana dormía mientras la oscuridad y el frío de la noche”… del, del, del…

El destello desolador de una página en blanco ilumina tenue la habitación, mientras el joven aspirante a escritor se desespera. Son las dos de la madrugada y los minutos caen, pesados como losas, mientras es incapaz de trenzar dos líneas. Su mente se centra en la idea recurrente de que está a punto de perder su mejor, quizá su única oportunidad, de hacer realidad el sueño de convertirse en escritor. La emoción y la alegría de cuando recibió la invitación a participar en un libro de relatos cortos ha quedado atrás, sepultada por las noches de insomnio ante el ordenador y los días durmiéndose por la esquinas, que a punto le han estado de costar el lugar de trabajo.

Esto no es lo que yo esperaba, piensa.

Necesita despejarse y de forma impulsiva coge las llaves de la moto y el casco. Montado en su Harley rasga el silencio de un miércoles de octubre mientras recorre las calles desiertas de su ciudad. El aire fresco de los primeros días de otoño actúa como un bálsamo que le serena el ánimo aunque no le trae la inspiración.

He de encontrar una buena idea. Sólo necesito eso, un buen punto de partida. Sabe que aunque su estilo no es ni mucho menos perfecto, lo importante de un relato es su fuerza y que ésta nace siempre de una buena historia.  Mientras conduce recuerda la presentación a la que asistió el viernes anterior.

Se encontraba paseando por las calles del centro de la ciudad, buscando, ya de forma bastante desesperada, alguna experiencia, alguna imagen, sobre la que escribir. Al pasar por delante de unos grandes almacenes se fijó en el cartel promocional de la presentación de un libro. No tenia prisa, no le esperaban, y pensó que quizá podría aprender algo. La poca fe, o la soberbia con la que entró en la presentación se transformaron en respeto al empezar a leer el libro que compró a la entrada. Y aquel respeto mutó en profunda admiración cuando escuchó a la autora explicar detalles del proceso de su escritura. Al final de la presentación, se acercó para que le firmase el libro, le comentó que él también era escritor, una pequeña mentira vanidosa, y que próximamente una editorial que ella también conocía iba a publicar algo suyo.

Si tuviese la mitad de su talento,  piensa ahora.

Aparca la moto en el parking y sube a casa dispuesto a realizar un intento desesperado. Son las tres y media, pero aún así le manda, a la escritora, un correo electrónico con el título “Hola” explicándole cómo ha disfrutado con su libro. Se queda mirando la bandeja de entrada durante unos minutos sin ninguna confianza en recibir respuesta. Y de repente… clink. El ordenador emite un sonido, aparece un uno entre paréntesis al lado de la bandeja de entrada y en la vista detallada un correo “Re: Hola”.

Increíble, está despierta, piensa.

El joven escritor se sienta ante la página en blanco, ahora ya no le da miedo. Empieza a teclear:

““La noche era fría y oscura”… del, del, del… “La fría noche la envolvía con su oscuridad”… del, del, del… “Ana dormía mientras la oscuridad y el frío de la noche”… del, del, del…”

escribir1

La claridad del atardecer rompe en rojo la línea del horizonte mientras una luz tenue inunda el cielo de la ciudad. Las farolas titilan en haces luminiscentes e iluminan una terraza en la que la autora toma pequeños sorbos de una taza que rodea con sus manos.

Su gesto es algo preocupado mientras retira de su frente unos mechones de pelo rebelde en los que se adivina alguna cana.

¡Han pasado tantos años!, piensa, mientras escucha la cacofonía de la ciudad que se prepara para el sueño.

Mañana habrá otra presentación, otro libro nuevo. Ya casi ha perdido la cuenta de todo lo que ha escrito. Pero… esta vez es diferente.

Sabe que todos piensan que ha triunfado. Sus libros adornan las más conocidas librerías de todas las ciudades del mundo y su nombre se escribe con ese tamaño de letra que sólo está reservado a quien ha alcanzado el Olimpo de los escritores. Da igual que tengas o no una silla en la Real Academia, lo importante es que muchas manos sostengan un libro con tu nombre y que las arcas de las editoriales se llenen con las ganancias.

La autora suspira. ¿Dónde quedó su sueño? Aquel sueño hermoso en el que escribía con entrega, más allá de los condicionantes del éxito y del dinero. ¿En qué recodo del camino alguien le ofreció un jugoso caramelo y ella lo tomó sin preguntarse si era suficiente?

No lo sabe, pero después de tanto tiempo, ha comprobado que no lo era. Mira lo viejos álamos, movidos por la brisa de un otoño incipiente, que adornan la avenida y acuden hasta ella los viejos deseos olvidados.

Escribir, escribir, escribir. Retratar la vida, la gente, las pasiones, los lugares. Contemplarlos con los ojos, describirlos con el corazón. Descubrir las historias que le eran ofrecidas día a día y encontrar a la vuelta de cada esquina un motivo que despertara su pasión y poderla llevar al papel.

En el libro que presenta mañana se arriesgó y ahora tiene miedo. Miedo de que este libro en el que ha colgado el corazón y ha volcado la pasión negada a todos sus demás libros, no tenga el éxito de los demás.

El café se ha quedado frío en la taza. El ronroneo suave y característico de una Harley circulando frente a la terraza, le hace levantar la cabeza. Otro de sus sueños no cumplidos… conducir una Harley.

Otra vez suspira, pero esta vez sonríe.

Ella no puede con una moto de ese tamaño, piensa. Ni tampoco, seguir escribiendo como lo hacía.

Una mesa y tres personas en ella. El editor, siempre presente, y una amiga. Una gran amiga que ella sabe que hará una presentación sincera y admirada.

Viejos ritos para nuevos libros, piensa la autora.

Levanta la cabeza y la cantidad de gente que ve le impresiona. Nunca podrá acostumbrarse a enfrentar tantas miradas en las que descubre, más allá de ellas, nuevas historias.

Vuelve a aletear en su estómago la incertidumbre.

Llega el silencio y el editor repite los mismos elogios de siempre. La concurrencia aplaude con fervor pese a que debe haberlo oído muchas más veces.

El turno de la amiga. Y es aquí donde la autora se reconoce porque sabe que su amiga ha compartido y comprendido su necesidad de cumplir un sueño.

Siguen los aplausos y la autora piensa si se han dado cuenta de que ella se ha convertido en otra persona. Si les gustará a ellos como escribe esa nueva persona.

Uno tras otro llegan llevando en las manos su libro. Le piden sus deseos. Ella los mira a los ojos mientras repite sus nombres e intenta que se vayan felices por sus particulares dedicatorias. Se sigue preguntando si han entendido.

Ha firmado muchos libros y está algo cansada, pero de repente levanta la mirada y encuentra otra que la observa con atención. Ojos oscuros detrás de unas gafas. Una chupa de cuero digna de una Harley. Pasa por su mente, veloz, el recuerdo de la noche anterior, el sonido de la moto frente a su terraza. Es un chico joven el que la mira entre curioso y admirado. El también escribe, le dice. Publicará dentro de poco.

La autora, con un toque de intuición, siente una pasión similar a la suya en las palabras del muchacho. Le anima, le deja su correo, cosa poco frecuente, y sigue firmando ejemplares. Con el rabillo del ojo observa al muchacho que, casi con esfuerzo, se aleja.

Vuelve a caer la noche sobre la terraza. Los álamos duermen. La autora con gesto cansado apura, esta vez con más urgencia, su café. Entra en la casa se acerca al ordenador y mueve ligeramente el ratón. Se ilumina y abajo en la parte inferior, un pequeño destello le indica que acaba de recibir un email.

¡Las tres de de la mañana!, se sorprende.

Lo abre con algo de curiosidad.

“… todos creen saber algo de usted, pero solo después de leer su libro creo que se puede decir que…”

La autora sonríe mientras recuerda la mirada de unos ojos oscuros detrás de las gafas y piensa; “los dos hemos encontrado una buena historia”

 

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37 comentarios el “La autora…

  1. Del famoso miedo a la hoja en blanco a la satisfacción de la obra concluida. Toda una historia, todo un derrotero sufriente que a veces sorprende por los resultados que se logran.
    En mi caso, la cuestión es que me cuesta empezar. Pero cuando lo hago, siento una satisfacción inmensa. Gracias por compartir tan buena experiencia (y por hacerlo tan bien, dicho sea de paso).
    “Uno tras otro llegan llevando en las manos su libro” Debe ser una sensación fantástica.
    Cariños.

    • La hoja en blanco es la inquietud del escritor, pero también encierra ese “algo” que nos estimula a empezar contando con la sorpresa de ver cual es el resultado.
      Me ha encantado compartir la experiencia contigo, porque intuyo que disfrutas escribiendo aunque te cueste empezar. Sería como la autora, no? Su sonrisa final así lo indica.
      Un beso cariñoso de domingo…

    • Me gusta llegarte al alma, Gaviota,
      Es el mejor piropo que le puedes decir a una persona que es aprendiz de escritora como yo.
      Un beso cercano de domingo atardecido…

  2. Nunca me propuse ser escritor, No siento esa atracción por la palabra escrita. Lo mío es más bien contar vivencias. Quizá por eso nunca me he preguntado por el estilo, el vocabulario o las formas. Dicen que tengo lo suficiente de las tres, incluso dicen que podría hacer el esfuerzo de dedicarme a esto.
    Pero tú has descrito bien las diferencias entre amores y profesionalizaciones. Quizá pueda ser un poco tópico y haya profesionales que sigan viviendo sus viejas aventuras, experimentos y riesgos. Algunos hablan de ellos tras muchos años de profesión. Pero también es cierto que, llega el momento en que has de trabajar para el sistema y escribir lo que quien te paga te dicta. Y ahí perviertes las ilusiones con las que comenzaste y te esclavizas.
    Más allá de un relato, el tuyo, apetecible de leer y agradable en una tarde de domingo, echo de menos algún elemento nuevo en la historia. Algo que no supíeramos ya antes de empezar a leer.
    Con un inmenso cariño

    • Hola Kurt,
      Yo tampoco me propuse ser escritora y de hecho no lo soy, tan solo escribo porque me gusta y porque, vivencias o no, me resulta agradable compartirlo con los demás.
      Mi relato no pasa de ser una media vivencia, ya que el resto vino a partir de un artículo que leí sobre la escritura profesionalizada y la desazón de algunos escritores al darse cuenta de que no escribían como deseaban.
      Gracias por tu comentario que sé que está hecho desde el cariño, prometo que en algún otro relato intentaré sorprenderte con algo que tú no sepas :-).
      Un abrazo grande…

  3. CUANTO ME GUSTARIA PODER EXPRESAR LO QUE PIENSO Y SIENTO COMO TU LO HACES, ESTOY PERPLEJO PUES A MI NO ME SALEN ESAS PALABRAS EN ESOS ESCRITOS QUE DEFINEN LA VIDA TAL CUAL Y ENCIMA CON LA CAPACIDAD DE DISTRAER COMO ME HA PASADO A MI CON ESTE PRECIOSO POST, UN ABRAZO MARIA

  4. .
    Sin duda alguna encontrarte con una persona que comparta tal vez tus mismas inquietudes es francamente estimulante. Una tarde de charla que podría bien bien alargarse hasta la madrugada fácilmente. Unas historias. Unas vivencias. Unos viajes.
    No hace falta que los dos escriban, o que sean escritores pero… si consigues conectar con la otra persona, parece como si la vida, como si las cosas monótonas de la vida, decidieran por una vez hacerte un guiño.
    Después de eso todo tiene otro punto de vista…

    O al menos a mi me sucede… no sé si a ti…

    Un beso de lunes aún con ese marcado… accent français que j’aime.

    • Bonjour mon ami,
      Como siempre, tengo que darte la razón. Cuando alguien se cruza en tu camino y comparte gustos, vivencias, afectos y muchas cosas más… piensas que la vida te ha hecho un regalo muy hermoso. Y si además pasa el tiempo y esos sentimientos se consolidan, entonces… ni te cuento.
      A mí me sucede eso… no sé si a ti… je, je.
      Un besete de esos de… hay fines de semana que… si hombre, que tienen sabor a…

  5. Me ha gustado mucho tu relato, María. A diferencia de Kurt, a mí si me ha sorprendido, claro que yo soy fácil de sorprender con las palabras bien enlazadas que me transmiten emoción.
    Y digo que me ha sorprendido, porque -aunque sea algo sabido- es muy interesante constatar que -en la mayoría de las ocasiones- un encuentro inesperado, un gesto sencillo o una situación cotidiana, pueden ser el clic que activa el inicio para escribir una buena historia que -durante tiempo- se ha resistido a aflorar.
    Claro que todo esto es mi opinión, la de una persona que no conoce profundamente las inquietudes y soledades del escritor. Pero creo que a los dos personajes les saltó ese clic que -a él- le daría pie a escribir por fin de algo que le había emocionado y a ella -escritora de prestigio- el acicate para otra magnífica historia.
    Buen lunes, buena semana y buenos besos que hablan sin palabras.

    • Gracias, Chelete,
      Quizá lo de “la página en blanco” sea un síndrome muy manido, pero la realidad es que cuando te enfrentas a ella y la inspiración brilla por su ausencia, puedes llegar a ponerte de bastante mal humor. Por lo menos es lo que a mí me pasa. y eso que no soy una escritora, tan solo “un intento de…”
      El relato lo escribí después de la presentación de mi libro por eso es medio real.
      Como dice Kurt, no he contado nada que no supiéramos todos, pero es que la historia fue así… Como le digo a él, ya llegará otro que le sorprenderá 🙂
      Un besete de lunes, así, de esos que empiezan la semana con muchas expectativas…

  6. Hoy he vuelto a leer tu relato y todavía me ha gustado más no dejes de escribir y quien sabe dentro de poco escribes un libro
    Feliz lunes

    • Ja, ja, ja, gracias Carmeta.
      Ahora que nadie nos oye 🙂 te diré que ya tengo un libro de relatos escrito y publicado y otro pendiente de resolución en un concurso. Ya te contaré los resultados.
      Un beso muy grande y gracias por estar…

      • Ya decía yo que escribías muy bien y me sonaba a vísperas ajajaja felicidades y puedo yo ver ese libro?

  7. Hola María. Muy buena historia, común entre los escritores, bien hilvanada, y con un giro interesante: el cambio del protagonista y cómo cada protagonista vivió una situación determinada y determinante en la vida de ambos. Felicitaciones! Abrazo

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