Mes: junio 2014

Te pregunté…

Te pregunté si eras feliz, me respondiste… razonablemente feliz.

Y ahora en la penumbra de esta noche en la que el calor del verano entra por mi ventana,  me pregunto si ser razonablemente feliz, es una respuesta que yo puedo entender. 

¿Qué significa ser razonablemente feliz?

feliz

Yo pensaba que ser razonable era otra cosa.

Que podía ser razonable ante un enfado, una discusión, una decisión de futuro, una equivocación, pero… no sabía que ser feliz dependiera de que fuera o no razonable.

Aunque es posible que razonable sea una medida de cantidad y lo que me quieres decir es que eres feliz hasta un punto ¿no?

Algo así como… soy kilo y medio de feliz.

Pero no, tampoco lo entiendo.

Yo cuando soy feliz, lo soy.

Es posible que mi felicidad dure un minuto, un parpadeo, pero en ese momento soy intensamente feliz.

Con una felicidad que se niega a ser razonable, porque eso implicaría, por lo menos para mi, que le pongo freno a esa sensación.

No creo que seas feliz, ni tan siquiera razonablemente feliz. Cuando te pregunté inclinaste la cabeza y meditaste tu respuesta.

Podrías haberme dicho… soy feliz a ratos, no soy nunca feliz, no sé lo que es ser feliz, soy feliz.

Pero elegiste la palabra «razonable» y eso me sonó a respuesta que salía de tu cabeza, pero no de tu corazón.

Luego llegó tu pregunta… ¿lo eres tú?

Yo sí lo soy… Irrazonablemente Feliz… a ratos.

Escribo…

Escribo, escribo y escribo…

Desde la alegría, desde la serenidad, desde el calor.

Amaneció triste y nublado, pero después de la lluvia el sol inundó mi habitación y todo volvió a ser como antes.

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Sentí la ilusión de estar viva, de ser capaz de divertirme y disfrutar con las pequeñas cosas que me rodean.

De agradecer a todos aquellos que me aman, incluso en los momentos en los que no merezco ser amada. De amar yo a mi vez, sin freno, sin tasa, sin medida. Sin pedir cuentas a nadie. Amar, por amar y amando.

En las noches, en las que luna, compañera de mis sueños, me habla con su luz y trae para mí los que se habían perdido en el tiempo y en la distancia.

En el día, cuando construyo esos sueños, algunos veces inalcanzables por ser sueños y a los que me niego a renunciar, aunque no olvido que… los sueños, sueños son.

En la vida, que dibujo cada día, con los colores que deseo.

Sin volver la vista atrás.

Sin excusa, sin pretexto para vivir… para soñar con los ojos abiertos… para olvidar.

La timidez…

Desperté en la mañana, rebuscando en el baúl de las cosas perdidas.

Miro, miro y pienso que quizá no se hayan perdido, tan solo se han teñido con la pátina del olvido.

Mientras le echo un pulso al tiempo, la luz inunda mi habitación y recuerdo que cuando yo era niña, era tímida, demasiado tímida.

Entonces construí a mi alrededor otra imagen. La imagen de una persona para la que los retos sólo eran nuevos obstáculos a saltar, los problemas tropiezos a resolver y y todo ello con lo que llamamos «una cara impresionante».

Les engañé. Engañé a todos los que me rodeaban y les hice creer, que cuando me sonrojaba era de complacencia y que las miradas de la gente era el alimento que necesitaba mi ego.

Lejos de la realidad. Porque si, por casualidad, llamaba la atención por algo, en mi interior la timidez me agobiaba, aunque el exterior aguantara el reto.

mascara3Llegó un tiempo en que mi disfraz se convirtió en una segunda piel y ya no supe reconocer a la niña tímida que seguía viviendo en mí. De tal manera que cuando alguien me conoce y ve más allá de esa otra imagen y descubre la timidez acurrucada en un rinconcito, me niego a mí misma. Pero al hacerlo,  noto una nota discordante que chirría dentro de mi cabeza.

¿Quien es tímido? Yo no lo soy.

Me piden que presente un libro. Y ahí empieza el reto. ¿Seré capaz? Tengo que serlo, ellos no lo saben.

Cuando me enfrento a muchas caras que me miran,  la nota discordante vuelve a chirriar en mi cabeza y ya no puedo negarme. Porque la timidez, sigue estando ahí y me lo recuerda ya que es una parte de mí misma, que a estas alturas de mi vida ni quiero, ni puedo borrar.

Mis pensamientos se enlazan con la mañana en la que rebuscaba en el baúl de de las cosas perdidas y me recuerdo como la niña tímida que fui, que soy y que seguiré siendo.

De nada sirven las máscaras ni las imágenes que puedas crear de ti a lo largo de tu vida. Sólo están teñidas con la pátina del olvido. Ese yo tuyo profundo y auténtico surgirá para recordarte que lo mejor de ti mismo reside en esa autenticidad.

«Sé tu mismo. Todos los demás, ya están ocupados» Oscar Wilde