Un señor venido a menos…

Al salir del trabajo pasaba a comprar fruta en aquella tienda porque la colocaban en pequeños montones de todos los colores, con tanto cuidado y con un aspecto tan fresco que no me podía resistir.
Y allí  fue la primera vez que le vi.

vagabundo2

No sé la edad que tenía, podían ser cincuenta, setenta… ¿quién sabe?. Era alto, delgado, pero parecía una persona fuerte. La cara con una barba de muchos días, yo diría que de muchos meses, la llevaba parcialmente oculta por un sombrero de color marrón, que conoció tiempos mejores. Nunca le vi sin aquel sombrero. Los pantalones de pana eran muy viejos, no se distinguía el color, ahora parecían la paleta de un pintor. Ya el primer día que lo encontré me fijé en sus manos, finas y delicadas pese a que las uñas estaban negras y agrietadas. Pensé que no parecían las manos de un vagabundo.

Pero si que se comportaba como si lo fuera. La imagen que tengo de él es revolviendo en un cubo de esos altos, de plástico negro, donde se ponen todos los desperdicios. En este caso sólo eran frutas, en mejor o peor condición, que iban arrojando los dependientes a lo largo de la mañana.
La separaba con mucho cuidado. La estropeada, la que estaba sólo un poco tocada y la que aparentemente estaba perfecta. Cuando terminaba, volvía a meter lo que no quería en el cubo y en una bolsa de tela, ponía la fruta que se quería llevar. Y después la metía en un carro en el que se amontonaban cantidad de cosas , bastante difíciles de describir, a fuerza de ser variopintas.
Los dependientes, ya se habían acostumbrado a su presencia, porque seguían con su trabajo sin mirarle. Era como invisible.
Invisible para todos, menos para mí.
Un día mientras le observaba, él levantó la vista y me miró. Yo le sonreí, pero él no me devolvió la sonrisa. Tuve la sensación de que su mirada pasaba a través de mí.
Varias veces vino a mi cabeza su imagen a lo largo del día. Lo sentía como una contradicción y despertaba en mí sentimientos de curiosidad y también algo de pena.
¿Porqué estaba allí revolviendo en las basuras, que es lo que lleva a una persona a acabar de esa manera?
Me intrigaba el hombre de las manos delicadas y aspecto de vagabundo. Casi, aunque parezca algo ridículo, durante tres o cuatro días cuando me acercaba hacía la tienda de fruta, esperaba verle. Y no me defraudó. Allí estaba. Siempre con el mismo aspecto y la misma ropa. Siempre rebuscando metódicamente entre las frutas abandonadas.
Me monté una historia.
Seguro que era un hombre de negocios venido a menos, perseguido por la mala suerte y la fatalidad. Porque, no me imaginaba que lo hubiera perdido todo por amor. No me parecía que diera el tipo. Aunque, si he de ser sincera, tampoco sé el tipo que tiene que tener un hombre que lo pierde todo por amor.
Un día en el que yo no recordaba al vagabundo,  al llegar a la frutería vino a mi memoria. Pero aquella vez el hombre no estaba. Sentí algo de desilusión. Ya, para mí, formaba parte del paisaje. Pagué en la caja lo que había comprado y me marché.
Recordé aquella obra de teatro en la que hablan de un vagabundo que intentan retener en un sitio para que viva más cómodamente y entonces el vagabundo muere. Para él la vida era la libertad. Hoy aquí, mañana allá. Nada que les corte las alas para volar hacia donde les lleve el deseo.
Supuse que era lo que había pasado con mi vagabundo.
Aún así durante algunos días más esperé que estuviera cuando yo llegaba. No volvió a aparecer. Pero no sé si fue la curiosidad o el interés, me hizo preguntarle a la cajera, qué había sido del hombre que rebuscaba en las basuras.
¡Ay señora! A estos vagabundos no hay quien les entienda, me dijo. ¿Se acuerda que había un cubo negro de plástico en la entrada y él lo revolvía?, siguió.
Miré hacia donde había estado el cubo negro y, efectivamente, había desaparecido.
Pues como ya no podía coger la fruta de allí, se la guardamos en unas bolsas para que se la llevara. Y, ¿sabe que nos contestó hecho una furia?
No me lo imagino, le contesté.
Pues que no quería nada que no hubiera recogido con su esfuerzo. Y nos la tiró a la cara. ¿Qué le parece?
Y mientras hablaba se iba poniendo roja de indignación.
No sabría qué decirte, respondí. Pero yo creo que el orgullo y la dignidad, también es patrimonio de los vagabundos ¿no?
Me miró con la misma cara con la que imagino que miró a mi vagabundo cuando le estaba lanzando las bolsas a la cara. Yo sonreí para mis adentros y pensé: No me he equivocado. Era un señor venido a menos.
Y sentí algo parecido a la satisfacción.

Anuncios

53 comentarios el “Un señor venido a menos…

  1. Todos nos podemos ver en una situación similar, hoy estamos así, tal cuál estamos, pero mañana no sabemos como podremos estar. Y sí, la dignidad es patrimonio de la humanidad. Un abrazo!

    • Y tanto, Ana! La vida tiene extraños caminos y como dice el dicho, nunca se puede decir “de este agua no beberé…” Aunque en este caso es muy triste, porque aunque se conserve la dignidad, la situación sigue siendo la misma.
      Un abrazo muy cercano…

  2. Imposible ponerse en la piel de quien por una u otra razón se ve obligado, o decide libremente que su vida, el resto de su vida, transcurrirá desde ese instante en la calle…

    Imposible, porque entre otras cosas esos es precisamente una historia o un relato de No Ficción… pura realidad…

    Un beso querida amiga.

    • Es imposible, Josep, porque el corazón humano es un desconocido para alguien ajeno a nosotros mismos.
      ¿Qué lleva a una persona a escoger “esa libertad”? Por desgracia, creo que en estos momentos no es una cuestión de elección, más bien es una imposición.
      Un beso, querido amigo…

  3. Como dicen los anteriores comentarios, creo que es una historia, de sublime actualidad y lamentablemente, no ficción.
    Un abrazo,
    Gema

  4. Muchas sorpresas nos llevaríamos si pudiéramos conocer la historia de personas como el protagonista de tu historia. Hay quienes se creen que eso jamás les pasaría a ellos, pero lo cierto es que todos corremos el mismo riesgo.
    Muy buen texto, María.
    Un abrazo y feliz semana

    • Hola Eduardo,
      Sentí la necesidad de contar esta historia porque tengo la duda de si el vagabundo eligió la libertad o se la impusieron las circunstancias de la vida.
      Quizá sea por el momento que vivimos, pero yo me inclinaría por la segunda.
      Un abrazo y gracias por tus miradas…

  5. Muy buenas reflexiones María, a menudo yo también me lo pregunto. Deciden vivir así o se adaptan con el tiempo…tienen oportunidad de cambiar, pero no lo hacen. Es su decisión y su libertad. Que tengas un hermoso día amiga…besito

    • ¡Ay, Cristina, amiga mía! Es que no sé si la decisión fue suya o las circunstancias que vivimos le empujaron a esa vida.
      Nunca lo sabré y por eso pienso en ello.
      Un beso muy grande y ahí cerquita…

  6. Cuando veo a una persona en esas condiciones, por una parte pienso o que la vida le ha dado muchos malos empujones o que quizás cuando eran más jóvenes no se preocupan “para el día de mañana”, también los hay como se comenta más ariba, que ell@s mismos desean esa libertad, no estar bajo el dominio de otras personas y a su manena son felices. Yo tenía una buena amiga -de mi edad- y que por desgracia murió hace 18 años, ella decía que cuando se jubilara que quería llevar esa vida con su carrito y sin techo, y lo decia muy en serio ya que era anarquista, libre sin bandera ni mandatos.

    • Hola de nuevo, Rosa,
      Ahora sí que veo tu comentario.
      Esa es la eterna pregunta, ¿qué lepasó para acabar de esa manera? ¿fue él o la vida misma?
      Yo creo que esa forma de vivir no debe de ser nada fácil, por eso pienso que las circunstancias fueron las que le llevaron a esa situación. Como a tantos otros en los días que corren.
      Un abrazo enorme, guapa…

  7. Te he leído con la misma sensación de tristeza, rabia y desesperanza que me provoca ver alguien pidiendo en cualquier rincón de la ciudad. Mayor cuanta mayor es la edad del mendicante, pues siempre pienso que para un anciano remontar esa situación es casi misión i.posible. Lloro cuando veo una mano que se alarga pidiendo monedas y pienso que la sociedad debería proteger a los débiles , a los que ya solo deberían pensar en disfrutar y descansar y vivir decentemente el tiempo restante. Lloro de rabia e impotencia.

    • Es la misma sensación que yo tengo Libe, Tristeza, desesperanza, indignación y mucho más, cuando es un anciano que ya no es capaz de remontar ninguna situación.
      Me avergüenza pensar que en esta sociedad que hemos creado, aún existen esas manos que se tienden para mendigar cuando hay tanto dinero por el mundo utilizado en armas, guerras y corrupción.
      Sí, es para llorar.
      Un beso, preciosa…

    • Hola Anna,
      El corazón se te encoge cuando ves esas situaciones. Y lo peor de todo ello, es que son tantos que se han vuelto invisibles y eso, es lo peor que le puede pasar a una sociedad.
      Un abrazo, mi querida…

    • Muy triste, Chelo y más si cabe, porque es una realidad que nos acompaña cada día. No quisiera hacerme insensible a estas situaciones, porque en el momento que me pasara, creo que dejaría de ser humana.
      Un beso enorme de lunes…

  8. Siempre he afirmado que el atributo más importante y esencial que el ser humano tiene es su dignidad, por encima de otras muchas cosas. No lo has podido reflejar mejor en tu relato.
    A menudo me he hecho la misma pregunta, que planteas en tu historia, cuando me cruzo con esas personas en mi camino. ¿Cómo habran sido sus vidas? ¿Qué les ha ocurrido para llegar a una situación semejante? Imagino que habrán sido niños con esperanza e ilusión, con su mirada inocente comenzando a caminar por la vida. ¿Quién o qué suceso les arrebató todo? Es triste que una persona termine de esa manera. Es triste que pasemos por su lado sin verles. Afortunadamente, algunas veces, se encuentran con personas como tú, que les mira y les sonríe. Y más tarde, enlaza una bella historia con esos encuentros.
    Muchos besos, María.

    • ¿Qué habrá pasado para acabar así? Es posible que haya sido una elección, pero me niego a creer que nadie pueda elegir esa vida errante, luchando por comer y hacerlo rebuscando entre las basuras.
      No sé, querida mía, sólo que me produce mucha tristeza ver tanta gente en esa situación, con la mano extendida.
      Por lo menos, dejemos que conserven su dignidad.
      Muchísimos besos para ti, preciosa…

  9. Nunca cambiaremos esta y otras realidades; lo importante es que nos sigan conmoviendo, tener el corazón blando, de carne; así, aunque parezca una relación inexistente o invisible, “nos dejamos participar” de las mismas al intentar comprenderlas, como tú has hecho con tanta delicadeza.

    Un abrazo

    • Pues deberíamos intentarlo, Ramón, con todas nuestras fuerzas y sobre todo, como dices, no dejar que se convierta en una imagen que nadie ve, que nadie reconoce como una parte de nuestra obligación.
      Gracias por tus palabras.
      Un besazo…

  10. Un buen día me hice un vago. Así como lo oyen. No sé cuándo empezó pero aquí me tienen, tumbado a un costado del camino esperando que pase un camión y me lleve a cualquier parte. Ustedes deben haber visto un tipo de esos desde la ventanilla de un ómnibus o del tren. Pues yo soy uno de esos exactamente y puedo asegurarles que me siento muy a gusto. Cualquiera de ustedes dirían que solamente al último de los hombres se le puede ocurrir tal cosa. Soy el último de los hombres. También eso. Lo que posiblemente a nadie se le pase por la cabeza es que alguien pueda ser feliz justamente siendo el último de los hombres.
    Fragmento de El último, Haroldo Conti.

    • Querido Jorge,
      No pongo en duda que pueda existir alguna persona que “sea feliz, siendo el último de los hombres”, pero sólo te puedo decir que la mirada que yo vi en aquella persona, no me indicó que lo fuera. Me transmitió frustración, dolor y hasta algo de rencor. En mí provocó pena.
      Y dicho todo esto, también entiendo que haya personas que su destino sea vagabundear, por elección propia y no porque les obliguen las circunstancias.
      Bonitos los cuentos de Conti.
      Gracias por tu comentario ¡tan esperado! y te dejo un abrazo grande, que vuela hasta tu orilla…

  11. Me he puesto a pensar si a el hombre de tu relato, la vida que llevo no le había ya tocado de alguna forma su mente, como suele suceder con muchos errantes. Esto me lo sugiere su pose de dignidad y que no te haya devuelto la sonrisa.
    En cualquier caso una díficil situación narrada para sentirla y condolerse.
    Un fuerte abrazo María.

    • Pues no sé, Demian, quizá la soledad, la vida difícil y el miedo, les pueda llevar a protegerse en un mundo al que solo ellos puedan acceder.
      Ante estas situaciones, todo se vuelve muy complicado y difícil de entender. Quizá por eso, debemos estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor.
      Un abrazo…

  12. Buenos días querida María, hoy vengo de cine.
    Me has puesto los vellos de punta con esta historia real como la vida misma y que cada vez por desgracia la vemos más a menudo…la verdad que la dignidad no se debe perder en ningún momento, pero pienso que también podemos en algún momento agradecer a quien nos hecha una mano, esto también es digo creo yo, ser agradecido es de bien nacidos.
    feliz jueves bella persona.

    • Sí, Carmeta, estoy de acuerdo contigo, pero ocurre que cuando la vida maltrata a una persona, quizá debemos tener más delicadeza cuando nos acercamos a ella.
      Feliz jueves para ti, querida…

  13. UNA HISTORIA PRECIOSA, LA DIGNIDAD ES ALGO QUE A MUCHAS PERSONAS ESTEN EN LA SITUACION QUE SE ENCUWENTREN NO LA OIERDEN Y ESTE DEBIO SER EL CASO DE ESTE VAGABUNDO Y TE LO COMENTO PORQUE TAMBIEN HACE MUCHOS CONOCI A UNA PERSONA ASI QUE SE FUE DE LA CABEZA POR RAZONES DE VAYA UD. A SABER Y JAMAS PERSIO SU DIGNIDAD, HABIA TRABAJADO CONMIGO Y ME RECONOCIA, BUENO TE LO VOY A TERMINAR DE CONTAR PUES SERIA MUY LARGO PERO TE DIGO QUE ES COMO LA PERSONA QUE TU DESCRIBES Y QUE RESPETO CON FUERZA. GRACIAS MARIA POR HACER QUE VENGAN RECUERDOS DE HACE MUCHOS AÑOS A LA MEMORIA, UN ABRAZI VALENCIANETA

    • QUERIDO LAMBERTUS,
      HAY DEMASIADAS PERSONAS POR EL MUNDO EN ESAS CONDICIONES. QUIZÁ ESTÁN ASÍ POR SU PROPIO DESEO, PERO CREO QUE EN LA MAYOR PARTE DE CASOS, SON LAS CIRCUNSTANCIAS LAS QUE LAS EMPUJAN. Y COMO LA DIGNIDAD ES LO ÚNICO QUE LES QUEDA, HAY QUE RECONOCÉRSELA.
      UN ABRAZO MUY GRANDE, AMIGO MÍO…

  14. ★───────★───────★───────★
    ▐███▐█▀█▐█▀▀▐▌█▀▀───★ ABBRACCIO
    ▐▐▐█▐█▀█▐█▄█▐▌█▄▄ ★ BY NANCY
    ★───────★───────★───────★

  15. Las cosas son asi como las vemos….un dicho justo y bien conocido…Me fascina siempre esa capacidad humana…interpretar el mismo hecho de mil maneras…Ademas de dos visiones que tu has escrito…la tuya y de la dependienta…hay mil otras las que dependen del momento, de nuestro mundo interior,de un monton de factores…..Pienso que cuantos males podiamos evitar viendo las cosas asi…con esa vision humana….Un relato amargo y muy… de verdad…

    • Sí, Tatiana, cada suceso puede tener muchas lecturas porque, como tú dices, tenemos cada persona nuestra propia mirada. Y esa mirada depende del momento, de lo que sentimos, de lo que deseamos, de lo que somos capaces de entender.
      Lo más importante es que no pasemos al lado de determinadas situaciones, como si no existieran.
      Un abrazo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s