Desde mi terraza… Divagando con Mnemosine

Desde aquí veo ponerse el sol de la tarde. Es una luminosa tarde de otoño caluroso. Mnemosine a mi lado me observa. Sólo la siento, pero, noto sobre mí su mirada. Siempre me ha fascinado el color de sus ojos. Son entre azules y grises, y rodea su pupila un aro de color amarillo pálido. Me mira con cara de reproche. Yo también tendría esa expresión si me mirara.

Y es que no soy capaz de quitarme de encima la desgana. Mi cabeza da vueltas y vueltas buscando una idea, una luz, una inspiración y… nada.

De ahí la expresión de Mnemosine. Oigo sus pensamientos ¿acaso te esfuerzas?

Observo el libro que tengo ahora entre manos, «La ciencia y la vida» una conversación entre el cardiólogo Valentín Fuster y José Luis Sampedro y pese a que me rindo a su sabiduría, a su bondad a su sentido del deber humano, noto algo parecido a la decepción. Y no es por ellos, ¡ni mucho menos! es porque leo lo que escriben, palabras llenas de sabiduría y siento con tristeza que de nada sirve que sabiendo que morimos un poco cada día, no nos esforcemos en ser algo menos recurrentes en nuestro mal comportamiento.

Sí, me esfuerzo, Mnemosine. Busco a tus hijas las Musas y parece que hayan perecido en el lago de tu memoria.

Ahora sí que sonríes, y lo haces con un gesto de travesura. Sabes que deseo más que cualquier otra cosa escribir, escribir y escribir. Y también sabes que lo volveré a hacer tarde o temprano.

M. asoma la cabeza por la puerta de la terraza. ¿Con quién hablas?, me pregunta. Le voy a contestar, pero pienso ¿Cómo hacerlo si a esta Mnemosine la he creado yo?

(Imagen de reenablack en Pixabay)

14 comentarios en “Desde mi terraza… Divagando con Mnemosine

    1. Ay, querido Carlos, me gustaría que así fuera. ¡Una gran obra!
      Yo, hablo con Mnemosine porque es el Pepito Grillo de María y por eso me da un tirón de orejas cuando me desespero.
      Un besazo de esos bien grandes, amigo mío.

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  1. Ay, María, yo no confiaría tanto en ellas, tan caprichosas que vienen cuando quieren, por más que se las invoque y trabaje por si se les ocurre bajar. Pero este tu hermoso escrito es tuyo, no de ellas; que rabien. Octubre, por aquí, nos ha dado unas tardes espléndidas y noviembre parece que trae agua. Seguro que con esa naturalidad te vendrán los versos y las historias. Seguro que te buscarán como la lluvia a la tierra y ésta la recibe. Un fuerte abrazo, querida amiga.

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    1. Son tan esquivas que aburren, pero ni así podemos olvidarnos de ellas. Octubre por aquí ha sido muy hermoso y espero que noviembre y el agua me traigan la inspiración. Gracias, amigo mío, por estar siempre aquí. Un abrazo enorme.

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