Tiempo de Furia…

Voy a escribir y las palabras se quedan contenidas entre mis dedos. Explicar de una forma  clara y comprensible lo que siento, pero… todo lo que acude a mi mente ya se ha dicho. Entonces… ¿qué podría añadir más?

Cuando era joven pensaba que sólo sentiría dolor por mi misma o por las personas que amara, pero ahora, aunque tarde, me doy cuenta de que estaba muy equivocada.

¿Y sabéis porqué? Porque hoy me duele todo.

Me duelen las personas que me rodean, me duelen las palabras rotas por los golpes, me duele la sinrazón, el interés, la hipocresía, el salvajismo y la violencia, me duelen las tergiversaciones, me duelen las banderas y quien las agita contra las diferentes opiniones, me duele el mal ejercicio del poder medido y controlado, me duele la falta de objetividad…

Me duele, me duele todo, en este tiempo de furia.

“No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
 
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo”
(Mario Benedetti)

 

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Me desperté…

… pensando, hoy no va a ser un buen día. Así, con una gran certeza de que mis premoniciones se cumplirían.

Me metí en la ducha, pero antes puse la radio. Soñaba una canción, y su melodía me llevó al primer beso. Sí, aquel que me dio un chico pelirrojo con la cara llena de pecas y que también fue el primero en romperme el corazón. Empezó mal mi vida amorosa, pero luego… tampoco me fue tan mal.

Después de tomar mi café mañanero, pasé del ascensor y bajé trotando los escalones. La ventana de la escalera dejaba pasar la luz y convertía el aire en pequeñas motas que brillaban como la estela que dejan volando mil mariposas. Sí, la belleza existe, y más en lo cotidiano.

Llegué a la calle empezando a dudar que se cumplieran todas mis premoniciones.

Me puse las gafas de sol para envolverme en un anonimato que fuera confortable. Y de repente, unos brazos me envuelven por la espalda, me giro y me encuentro con una sonrisa que, así de golpe, hace que me reconcilie con el mundo.

Buenos días, mi María, me dice mi vecino que tiene 11 años y casi me lleva una cabeza.

Camino y pienso que es posible que alguien crea que soy una ingenua, que no vivo en la realidad de la vida, si tan solo por una sonrisa puedo sentirme contenta, pero se equivocan.

Sé como se las gasta la vida y sé que más allá de mi pequeño mundo las personas mueren, sufren y lloran. Hablarles de sonrisas y esperanza resulta tan vacío como las lágrimas de un cocodrilo. Pero cada uno tiene una forma diferente de sobrevivir, en este mundo que no es demasiado amable.

El cielo tiene un azul deslumbrante, y hoy una sonrisa, ha hecho polvo mis premoniciones.

A cambio os dejo por aquí la mía 😉😉😉😉 para que la disfrutéis como lo haríais con un dulce helado de menta.

 

De la misma materia de los sueños…

Y dice Shakespeare en La Tempestad,  una obra llena de magia:

Ahora, nuestro juego ha terminado. Estos actores, como les dije, eran sólo espíritus y se han fundido en el aire, en la levedad del aire; y, al igual que la ilusoria visión que representaban, las torres que coronan las nubes, los lujosos palacios, los solemnes templos, el gran globo mismo, sí, con todo lo que contiene, se disolverán y, como estos desvanecidos pasajes sin cuerpo, no dejarán rastro.

Estamos hechos de la misma materia de los sueños y nuestra breve vida cierra su círculo con otro sueño.

¿Estamos hechos de esa misma materia?, me pregunto. Quizá lo que pensamos que es la realidad, tan solo es un sueño en el que sufrimos, amamos, respiramos y reímos y su fragilidad es tal, que al desaparecer el sueño desaparecemos con él.

Los sueños son demasiados etéreos, frágiles, leves. Nubes pasajeras, inquietas, que se desvanecen como los suspiros.

Prefiero hacer de mi vida un sueño y no vivir soñando.

 

 

 

 

Regreso hilvanando recuerdos…

Sí, poco a poco, igual que cuando reúnes esos trocitos de colores en un patchwork. Recuerdos que sabías no olvidados, pero que se habían relegado a lo más profundo de la mente. ¿Para no sufrir? Quizá!!!

Porque así llegaron aquella tarde, en que bajo las columnas del pórtico acudieron como conjurados por no sé qué espíritu.

Volvía el atardecer. Yo, con mi  libro entre las manos y tú con tu eterno sombrero sobre los ojos, haciendo la siesta sobre la hamaca  El aire era leve, tan leve, que todo podía parecer un sueño en blanco y negro. Las moscas revoloteando y las rosas lanzando su imposible olor a primavera.

Hubiera querido alargar mi mano y guardar la esencia de aquel instante en mi puño. Pero, en ese momento no lo hice, y ahora pasado el tiempo, regreso a ese lugar y compruebo que tu hamaca se balancea impulsada por la brisa, que mi libro está cerrado,  que las rosas siguen frescas pero ya no me emociona su olor.

Cierro los ojos y en mi recuerdo la hamaca se hunde por tu peso, mi libro se abre de nuevo y el sombrero se impulsa al ritmo de tu respiración.

Y entonces, entonces, el dolor me recuerda que tu ausencia es tan definitiva como lo son todas las muertes.

Y me cubro con esa manta hecha de recuerdos y sonrío de nuevo, porque sé lo que a ti te gustaba mi sonrisa.

Y así os la regalo… a mi regreso.

Sorpresas blogueras…

Me ha dado por pensar. Y con esto no quiero decir que sólo piense en determinados momentos. Noooo. Pienso mucho, yo diría que algunas veces demasiado.

Pero… a lo que vamos… las sorpresas que me da este mundo de los blogs y sus blogueros.

Alguien ha llegado hasta mi blog, le ha gustado y me sigue. Hace comentarios y se pasa por allí de forma habitual. Un día me llega un email suyo en el que me cuenta cosas de su vida, problemas personales, sentimientos íntimos. Yo leo e intento no dar ningún consejo, ni mi opinión, ni nada que suene demasiado personal, porque al fin, lo ignoro todo de esa persona y hasta me da algo de pudor conocer sus asuntos más íntimos. Así que navegando entre querer solidarizarme con sus problemas y no ser demasiado “cotilla”, le contesto de la forma que me parece más apropiada.

Me contesta diciendo que soy muy amable, comprensiva y cariñosa.

Pasan los días y, de repente, esa persona que me ha “abierto su alma” deja de pasarse por mi blog y parece que no me conoce de nada. Por supuesto, sigo viendo que está en otros blogs.

No me siento engañada, ni dolida, ni decepcionada, sólo sorprendida, pero la situación me ha recordado esas escenas en las que el protagonista está sentado en la barra del bar y llega un desconocido y vuelca en él todas sus frustraciones y dolor.

Supongo que en este espacio que compartimos, de habitual suelen ocurrir estas cosas. Yo las acepto, pero no acabo de entenderlas.

Con el tiempo vas sintiendo cariño por las personas que pasean por tu blog y por las que visitas en los suyos. Por eso y aunque no es el caso de lo que os cuento antes, sientes algo de tristeza cuando ves desaparecer a determinados blogueros. Es lo que me pasó cuando desapareció Madame Bovary, Emma. Una bloguera que me fascinaba y a la que tenía un gran cariño. Pero también sonrío cuando leo a ese otro bloguero que casi nunca me pone un “me gusta” ni un comentario, pero sé que me lee.

Hoy es martes, día de otoño. Sigo pensando en ello, pero creo que durante el tiempo que he navegado por aquí he recibido más cariño que decepciones o tristezas.

Por eso, queridos todos, os deseo una semana estupenda y aquí seguiré, sorprendiéndome y espero que sorprendiéndoos cada día.

 

 

Dame…

Dame alas y te enseñaré a volar

Dame vida y respiraré contigo

Dame un camino y lo recorreré a tu lado

Dame un motivo y no lo pondré en duda

Dame una lágrima y la convertiré en nube

Dame un futuro y tejeré los días

Dame un atardecer y lo bordaré de colores

Dame tu sonrisa y haré que sea eterna

Dame un beso, dame un beso… y  ya no sé que haría.

Feliz semana a todos y sentiros queridos…

… y querer como si el mundo fuera a acabarse y eso pudiera salvarnos.

Fin de semana…

Hemos recorrido juntos el camino de la costa. El mar, que lame las rocas donde se acaba el acantilado, ha perdido la dulzura del verano y golpea con un sonido inquietante mientras se deshace en espuma. La luz se escapa entre los pinos y borda el paisaje en lilas y rosados.

Nos espera la casa en la isla, unos muebles de madera y unas cortinas, dibujadas de primavera que se impulsan con la brisa de la tarde intentando emprender el vuelo.

Tu brazo en mis hombros me recuerda la suavidad de tu piel y en tus ojos veo la promesa de caricias derramadas sobre el blanco de las sábanas.

La ventana se abre al horizonte de un bonito fin de semana.

 

Os deseo un fin de semana estupendo de la mano de Aretha.

 

Cierro la puerta y… Regreso

Ha llegado el amanecer. Desde la terraza veo el mar que refleja la luz cálida y dorada de la mañana. Siento el aleteo de la nostalgia pero sonrío cuando el mirlo de pico amarillo me mira desde la palmera y parece con su trino, dedicarme su despedida. ¿Volverá el año que viene? ¿Volveré yo?

Aquí se quedan los días cortos y las noches largas, mis amigos del verano, los anocheceres dorados, el aroma a madreselva, el sonido del mar tejido entre nuestras conversaciones, el libro que terminé, la hamaca que mece mi sombrero y la terraza como testigo de un verano insólito.

Intento grabar en mi retina todos los azules del mar para que me acompañen en mi regreso y me recuerden en los largos días de invierno el tiempo de verano que he vivido.

Cierro la puerta y no vuelvo la vista atrás.

Me espera otra estación, otro lugar, otras conversaciones y otros momentos felices.

Me esperáis vosotros y regreso con las esperanza de que no me hayáis olvidado.

Regreso feliz…

Solo quiero…

Un hombro donde apoyarme
Un beso
Un corazón ardiente
Un deseo
Unos ojos bondadosos
Un te quiero
Un minuto de silencio
Yo, te dejo
Un amigo, sólo amigo.
Yo, lo quiero
Un mar tranquilo y azul
Es el verso
Un abrazo
En su momento
Una eternidad contigo
Lo presiento

Y así pasan los días de este verano tranquilo. Entre las hojas de las palmeras se filtra el viento que silba con notas de pizzicato y la luz salta sujeta entre las alas del mirlo de pico amarillo que, como todos los veranos, viene a visitarme.

La alegría y la vida, se acurrucan conmigo en la hamaca y yo, vuelvo a sonreír con la misma sonrisa, que cada verano dedico al mar y al cielo que me rodean.

Felices días de verano!!!

 

Divagando…

Leo lo que escribo y así mis palabras pasan a formar parte de la eternidad. De la tuya de la mía, de la nuestra.

Porque las palabras se las lleva el viento, pero cuando las escribo abro una puerta, dejo que lleguen a tus ojos y eso, las convierte en reales.

Hoy, con la luz de la tarde lamiendo las paredes de la terraza y tu mirada tranquila deslizándose por las páginas de ese libro que tus manos acarician, tomando el sol, paseando a tu perro o contándole un cuento a tu hijo, encuentro un motivo para escribir, para dejarme llevar por los sentimientos que me impulsan a llenar una página en blanco.

Quizá escribo… para que tú me leas.

Sí, tú, que me lees, porque en este momento he conseguido atrapar tu mirada… y eso, eso, es todo lo que necesito para seguir escribiendo.

¿Me equivoco?

Feliz fin de semana para todos!!!