Sí, queridos… es tiempo de cerezas!!!

Caminábamos los cuatro mientras el horizonte se pintaba en rojo y la superficie del agua se plateaba con un color acero casi sólido. Hasta nosotros llegaba el olor dulzón de la madreselva y los vencejos, añorados del sol, ofrecían sus susurros al sueño. Vivíamos entre el vuelo de las gasas blancas y la piel ardiente de muchos amores por descubrir.

Era junio, mi mes favorito. Cuando los días son largos y los aromas se esconden entre los deseos que nos hacen felices. El cielo nos cobija preservando nuestra inocencia. Y junio nos contempla con todo su esplendor.

Pasa el tiempo, las gasas blancas emprendieron el vuelo a los horizontes del pasado y junio, en su obstinación, siempre regresa.

Caminábamos los cuatro, el rojo y el acero nos seguían contemplando y los vencejos nos reconocían en su vuelo. Los aromas, matizaban nuestros recuerdos. El cielo aún nos amaba y los amores, ya descubiertos, nos prometían aún, muchos deseos por cumplir.

Y junio…

¿Sabéis, queridos? Es tiempo de cerezas. No pude dejar de decir.

Hay momentos…

Hay momentos en esta vida para los que necesitas hacer un esfuerzo añadido, porque no te sirve aquello de “cuando se cierra una puerta se abre una ventana” ya que sólo ves que se han cerrado unas cuantas puertas literalmente en tu nariz. Y tu nariz se resiente y tiene miedo. Miedo de aquello que desconoce y que le supera.

Es una sensación de impotencia que te recuerda que no eres tan fuerte como tu creías y que te hace ver que todos los hilos que te unen a esta vida son tan frágiles como las alas de esa mariposa que te encandila con su belleza.

Te sientas sobre esa roca que conoces y amas y miras el mar mientras intentas alejar los pensamientos oscuros  que acompañan la idea de que han desaparecido unas cuantas horas de tu vida y de que ya no volverán. Sientes la necesidad de recuperar los recuerdos y mientras te obstinas en recordar, el agua se mece a tus pies y te dice que no es necesario, que aún te queda mucho tiempo para crear buenos momentos.

Porque, en definitiva es lo más importante. Atesorar el cariño inmenso que has recibido. De las personas que esperabas, de otras que no esperabas e incluso de aquellas que esperabas más y se han quedado a medio camino. Todo suma.

Hoy, regreso con fuerzas renovadas, y hoy siento que la vida no es otra cosa que respirar hondo y apurarla hasta el final.

Sólo miro…

Sentada en la terraza aspiro al aroma a naranja que despide mi taza de té. Vuelvo a revivir mi fin de semana. Quizá es porque lo he pasado con mi amiga rubia, la que tiene un novio francés, y ella es la que me ha acostumbrado a tomarlo así, cuando el crepúsculo le gana la partida a la luz.

Los fines de semana siempre están rodeados de grandes expectativas, pero no ha sido el caso del pasado. Marché con la idea de encontrar una serenidad que en los últimos tiempos me resulta bastante difícil de retener. Así que todo se resumía en caminar, leer, ver alguna película y conversar de todo lo divino y humano.

Y al fin, no ha habido casi nada de lo previsto, porque la mayor parte de mi tiempo se ha ido en mirar y disfrutar con lo que he ido sintiendo al ver la vida a mi alrededor.

El mar, la aves volando, los niños jugando en la playa, las conversaciones de mis vecinos de mesa, el café bailando en mi taza, la risa de mi amiga, los colores de la primavera, las primeras gotas de lluvia, las discusiones conmigo misma, mi móvil desconectado, el sabor de una cerveza… el amanecer.

El tiempo ha pasado rápido y yo me he dado cuenta que hay que mirar para descubrir que si somos capaces de disfrutar de esas cosas sencillas, la vida es siempre mucho más fácil.

Soñé el mar…

Es martes y estoy aquí. Aquí donde el agua dibuja sobre la arena mientras la piel respira sal.

Me he despertado enroscada en la curva de tu cintura y con tus manos despejando mis sueños.

Podría ser cualquier otro día, pero al ver tu mirada siento, de nuevo, que no existe otro lugar en el que quisiera estar. Podría no llamarme como me llamo o quizá no ser de este planeta, pero hoy, aquí y ahora sólo deseo sentir como siento.

Quizá es que hoy, soñé el mar.

“Dejé el invierno,

mi cuerpo sobre la arena, promete flores.

El sol alumbra mi sonrisa

y la noche la recoge pintando estrellas.

Llegó la primavera!!!

y mi piel la reconoce 

en cada pulso de sus venas”

Felices días de primavera para todos!!!!

 

 

 

 

Me viene a la mente…

Una frase de Max Weber…

“Cuando el ser humano pierde el sentido de las cosas, los viejos dioses se levantan de sus tumbas”

Una cita muy especial y apropiada a propósito de la aparición de la agobiante irracionalidad que nos envuelve y amenaza con devorarnos en un pozo de sin sentido e inhumanidad.

¿Qué fue de nosotros? ¿En qué momento vendimos nuestra alma al diablo?

Ni siquiera los viejos dioses creo que tengan respuesta.

Sensaciones

He cerrado la puerta tras de mi. Las calles se extienden mojadas por la lluvia y tapizadas por las hojas de los árboles. Parecen alfombras interminables que prestan un color dorado al paisaje. El aire aún es limpio y la cacofonía de ruidos se siente lejana. La ciudad aún no ha despertado. Camino despacio, sin prisas recreándome en la contemplación de su despertar. Las ventanas a mi paso se iluminan, como ojos que me observan.

Paso por delante de un banco de madera pintado con todos los colores de arco iris y un gato de piel negra y mirada redonda salta a mis pies. Camina un trecho a mi lado. Me ha elegido como su acompañante. Al poco se restriega contra mi pierna y me abandona. ¿Me habrá querido decir adiós?

El olor a pan recién hecho me asalta. Un muchacho con una gran bandeja de croissants sale de una furgoneta cercana. Se cruza conmigo y me sonríe. Sonrisa con croissant. Sólo falta el chocolate. Le sonrío.

Llego a la Gran Vía y me siento bajo los magnolios. Pocas personas pasan frente a mi, pero ninguna, como yo, puede  dejarse llevar por la luz que ya se perfila clara por el horizonte. Todas, caminan rápido.

Cierro los ojos y me pierdo en las sensaciones que me ofrece la mañana cuando aún es virgen.

Feliz semana, después de la lluvia con Eva Cassidy

 

 

 

Mini ejercicio…

Podría haber sido como otro día cualquiera. Te levantas el sol brilla y habían anunciado que llovería, una razón más para ser feliz. Salgo a la calle y el mundo sigue viviendo aunque yo sienta que no están las cosas como para que se disparen fuegos artificiales. ¿He dicho, disparen? Malo, tal y como anda todo, mejor “no mentar la bicha”. La vida es así, aunque sepas que nada es seguro, siempre te sorprende con sorpresas que en cualquier caso, casi nunca son agradables. Pero bueno, sigo obstinada en que hoy mi vida va ser diferente de cualquier otro día. ¿Qué estoy algo zumbada? Pues sí, probablemente, pero ¿hago daño a alguien con mi optimismo impenitente? Pues creo que no, y si alguien se siente ofendido por eso, es su problema. Yo decido si tengo un buen día o no. Llueva, truene o haya cualquier otro accidente atmosférico. ¡Faltaría más! Pero bueno a lo que vamos… Han dicho que hoy iba a llover y ya ves, luce un sol de esos de país caribeño. Me acabo de cruzar con mi vecina y ¡vaya! hoy me ha sonreído ¿será porque también ella quiere que sea un día especial? Lo dudo, porque siempre parece que está enfadada con el mundo.

He madrugado buscando algo de inspiración. Me he sentado delante de la pantalla y haciendo caso de mis profesores que decían, escribe, escribe, aunque no sepas muy bien lo que vas a escribir, y me ha salido “eso” que veis ahí arriba.

Mi no inspiración se interrumpe cuando llega hasta aquí un aroma a café y un abrazo, de esos que despiertan tus sentidos.

Corto y cierro. Os dejo con Leonard y su voz rota!!!

(Imagen de Pixabay)

 

Pues sí…

Ayer, de madrugada, terminé el libro que estaba leyendo (La función perdida de María García-Lliverós) y no sé si por el contenido del libro o simplemente porque sí, me vino a la cabeza una frase que me parece recordar que es de Keynes.

“Sólo se puede vivir la vida de dos formas distintas; no creyendo en los milagros o pensando que… toda la vida es un milagro”

Y ahora imagino que pensaréis que eso de los milagros es una tontería. Pues sí, creo que los milagros tal y como los entendemos, pueden ser vestigios de una educación que nos ha hecho creer en demasiados dioses y cielos.

Pero… ¿y esos otros milagros?

Esos que se producen cada mañana cuando el sol nace y pinta el cielo de rojo o cuando la lluvia dibuja senderos en los cristales y hace brillar las farolas.

Esos que nos hacen volar cuando bailamos apretaditos con la persona que amamos o cuando nos despertamos a su lado y envueltos por sus brazos cada mañana.

Los que se reflejan en los ojos de un niño cuando le llevamos al país de las hadas y los dragones o le hacemos sonreír.

La calidez del  mar  en un día de verano, el reflejo de la luna sobre sus aguas, la fuerza de la tempestad.

El cielo desde lo alto de la montaña, la serenidad y el silencio, los árboles, las flores.

La compasión, la dulzura, la fortaleza, la sinceridad, el valor, la amistad, el deseo.

¿No son pequeños milagros que nos acompañan cada día? Pues esos son los milagros en los que creo.

Feliz comienzo de fin de semana a toditos, todos.

La lírica…

Demasiado lírica, me dijo, mientras echaba con algo de desgana, el papel sobre la mesa.

Le miré.

Unos ojos redondos, tras unas gafas redondas en una cara redonda.

Y sonreí.

Pensé en el arco que acaricia el violín, en el murmullo del viento jugando entre las hojas, en las zapatillas de la bailarina deslizándose sobre la madera, en el murmullo de un ave pequeña y esquiva, pensé…

¿Demasiada lírica?

Su mirada se hizo inquisitiva.

Volví a sonreír, porque lo que él no sabía, y nosotros sí, es que la lírica sólo sale de la profundidad de uno mismo.

Porque…

Mi canto es mi lírica y mi lírica es mi alma que renace en cada verso que escribo.

Feliz semana, queridos…

Conectada…

Se despertó aquella mañana acariciada por un rayo de sol que trepaba por su cama, dejando a su paso puntos de luz como alas de mariposas.

Se preguntó porqué buscaba la felicidad en los demás, en los amigos, en la familia y ella misma se dio la respuesta… estaba equivocada. Todo estaba allí, el cariño, el amor, la dedicación hacia ella, pero lo realmente eterno era lo que sentía en sus vísceras, en su corazón.

Eso, estuvo, estaba y estaría por toda la eternidad. Lo demás… podía ser pasajero.

He tardado en regresar, pero aquí estoy de nuevo… conectada.