Amigos y Libros…

Me gusta leer, pero eso ya lo sabéis.

Lo que no os he dicho es que disfruto, especialmente, de los libros que escriben mis amigos, mis compañeros blogueros, todos aquellos autores que, por no ser conocidos y reconocidos, tienen que hacer un auténtico maratón para que sus obras lleguen a muchas miradas.

Por eso he pensado que cada vez que lea un libro de uno de estos autores, lo dejaré aquí para que vosotros lo conozcáis.

Hoy os dejo la opera prima de Chelo Puente (https://lalibreriadechelo.wordpress.com) una bloguera muy activa que muchos de vosotros conocéis y que nos deja interesantes reseñas y propuestas de lecturas.

La Bolsa de Lana Azul nos describe una historia que, viajando por el tiempo, une destinos que nunca hubieran coincidido de una forma fortuita.

la bolsa de lana azul
Delia, la protagonista, contacta con un desconocido a través de Facebook que le lleva a descubrir un secreto familiar guardado por su abuela durante treinta años.

La autora nos describe paisajes bien encuadrados cual si de una foto se tratara, mientras la trama nos lleva, sucesivamente, a Madrid y Cuba. La vida de los emigrantes españoles que viajaron a las plantaciones de azúcar cubanas, sus deseos, sueños y esperanzas nos las muestra con una especial sensibilidad, así como los sentimientos familiares que experimenta la protagonista.

Es una historia de  superación, de amistad, de encuentros y desencuentros, de sentimientos familiares arraigados y de la búsqueda de la verdad, pese a los cambios que pueden producir en la vida de los protagonistas.

Una obra vital y con un cierto aire intimista que lees con la sensación de pisar terrenos que para todos nosotros son conocidos por su actualidad y frescura.

Os recomiendo su lectura porque pasaréis un rato agradable cuando la leáis.

Querida Chelo, te deseo muchos éxitos en tu carrera de escritora.

“Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno” (Borges)

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Hijos de Atenea…

Siempre he pensado que los libros tienen vida propia y que el destino o, tal vez, la casualidad, los lleva a tus manos.

Hay libros que te recomiendan, hay libros que descubres por ti mismo, hay otros que nunca te interesaron, pero que cuando caen en tus manos, los lees y llegas a la conclusión, de que debías haberlo leído antes, y por fin, existen esos libros que desde el principio te llaman la atención.

Hijos de Atenea

¿Porqué? No sabes bien el porqué. Puede ser el tema, la portada o bien una corazonada…

Algo así me pasó con el libro de Mercedes Pinto (https://mercedespinto.wordpress.com)  “Hijos de Atenea”  que me atrajo desde que lo vi.

Y no me ha defraudado, como no sea, porque se me ha hecho muy corto. Después de leerlo, me he dado cuenta del porqué de su atractivo para mí. Un atractivo que intuí, porque lo que planea por sus páginas en todo momento es el amor.

El libro empieza así:

“A todos los hijos de Atenea, hombres y mujeres, que escogieron el camino del conocimiento y la sabiduría para luchar por la justicia y la igualdad”

Bahati, el protagonista cuyo nombre significa “suerte”, nacido en Angola, en una tribu de bosquimanos y que “cazado” por unos esclavistas, es llevado a Cuba para ser vendido como esclavo.

Y así empieza su historia, que no seguiré revelando, pero en la que el amor y el agradecimiento hacia todas las manos que se extendieron hacia él para ayudarle, se ve reflejado en cada una de las páginas de este libro.

Escrito con una prosa ligera y fácil de leer y con unos personajes, que te atrapan por su bondad y espíritu de superación, se convierte en un libro para leer cualquier tarde frente a un té o una copa.

Enhorabuena, Mercedes!!!

Contra los bárbaros…

Lo leí hace tiempo, pero en mis muchos traslados, perdí “Epistolario”, un libro que refleja la correspondencia entre Unamuno y Maragall. Dos hombres de la misma época, pero que compartieron amistad, ideas y anhelos, desde sus diferencias.

En estos días lo he recuperado gracias a mi librera Chelo Puente (http://lalibreriadechelo.wordpress.com y http://lalibreriadechelo.wix.com/libros)

Al abrirlo por una página cualquiera leo:

“Y vine a concluir, para consolarme que el espíritu no está muerto, sino dormido. De cuando en cuando se queja en sueños”

Epistolario

Y así es como termina la carta que titula “Contra los bárbaros”…

Su correspondencia, en este libro, comenzó en 1900 y finalizó en 1911.

Hoy, cuando leo los periódicos, oigo las noticias y veo lo que está ocurriendo a mi alrededor, llego a la conclusión que siguen perdurando en nosotros aquellos rasgos esenciales del pasado.

Vuelven los bárbaros que, con su falta de empatía y decencia y su mucha ambición, nos hacen perdernos en una bruma triste, que yo llamaría, desengaño.

¿Cuando aprenderemos a respetar, a escuchar, a intentar entender al que no piensa como nosotros…?

 

Stefan Zweig…

“… Nunca he vuelto a verlo. Nunca he recibido una carta o un mensaje de él. Su libro no ha sido publicado, su nombre ha caído en el olvido; nadie lo recuerda salvo yo. Pero todavía hoy, como el muchacho inseguro de entonces, sé que a nadie debo más: ni a mi padre y mi madre antes de él, ni a mi esposa e hijos después de él. A nadie he amado tanto”

Así termina Confusión de Sentimientos de Stefan Zweig.

Hoy he cerrado la última página con algo de tristeza, como siempre que leo alguno de sus libros, porque ya se acaba el pasearme por una de sus historias con esa forma tan especial que tiene de escribir.

En este libro Zweig, profundiza en el corazón humano de una forma hasta dolorosa. Todos los sentimientos de amor, vergüenza, sabiduría, pasión, van desfilando por sus páginas para dar forma a la figura de Roland, un joven estudiante que descubre su amor por el saber al conocer a un brillante profesor.

zweig

El alumno no sabe lo que siente, el profesor se desconcierta ante los sentimientos del alumno. ¿Quien fue el primero que empezó a sentir? De ahí el titulo, Confusión, porque es lo que sienten.

El final nos sorprende si no hemos captado los distintos matices de los dos protagonistas, pero no lo hace si seguimos la evolución de la relación entre ambos.

Sus libros son casi estudios psicológicos porque siempre se adentra en lo más profundo del ser humano. Donde se crean esos sentimientos complejos que, quizá no salen a la luz, hasta pasados los años y nos llega la experiencia.

Este libro también me lo ha recomendado mi librera Chelo Puente (http://lalibreriadechelo.wordpress.com) y como todos ellos, me ha enamorado.

La prosa de Stefan Zweig es pura poesía y es ese lirismo el que a mí me conmueve.

Como siempre digo, no soy crítico literario, pero… os recomiendo esta joya. Os pasará como a mí… sentiréis que se acabe. Ya no sólo por el contenido, sino porque su forma de escribir es tan sencilla y bella, que te atrapa.

 

 

 

Seda…

“De pronto,
sin moverse lo más mínimo,
aquella muchacha
abrió los ojos”
 
Ayer volví a leer Seda.
 
Coges el libro y empiezas a deslizarte por él de una forma tan ligera que cuando has llegado al final, piensas si lo que has leído es tan solo un sueño.
Es un viaje a través de la sensibilidad y con una estética tan delicada que parece una caricia. Caminas entre sus páginas y poco a poco te dejas embargar por la historia.
Su sencillez te atrapa, pero acaba por hacerte una herida en el corazón a fuerza de intentar dar nombre a un amor que no tiene nombre.
 
 
 
Es un libro bellísimo para leer en esa terraza íntima frente al mar, oyendo como te arrulla su sonido o frente a una chimenea encendida mientras las montañas te observan.
En soledad, con una luz tenue, te dejas llevar hasta un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento, cogidos de la mano de Hervé Joncour.

La fragilidad de las Ipomeas

Fragmento de la novela “La fragilidad de las Ipomeas”


“Pero ahí estaba, en medio del caos de mis sentimientos. Fue la que hizo que me  enfrentara a la vida que había llevado hasta aquel momento y que me preguntara, si era lo que yo realmente deseaba. Guio mis pasos en la búsqueda de una felicidad que en el pasado pensaba que podía encontrar al dar la vuelta en la primera esquina.
 
 

         Hoy, al volver la vista atrás, compruebo, que tengo que doblar muchas esquinas para conseguir ya no la felicidad, que aún en este momento no sé muy bien lo que significa, sino para encontrarme a mí misma o por lo menos una ligera imagen de lo que yo he deseado ser.”