Tú que escribes…

Esa es la frase con la que empiezan. Sí, tú que escribes podrías expresar esto o aquello con más facilidad…

Y esta vez, me pidieron que escribiera sobre la amistad.

Me quedé pensando y me pregunté… ¿como decirles que…?

La amistad es tiempo, dedicación, cariño. Que igual que le abres la puerta para que entre, tienes que volverla a abrir cuando quiere salir por ella. Y que duele y te resistes, pero que no deja de ser importante el tiempo que le has dedicado porque esos instantes siguen siendo bellos. Que hay amistades que se desatan en un segundo, con una mirada, el contacto de una mano, una frase y que hay otras que se labran después de mucho tiempo. Que las hay que duran  muy poco pero contienen mucha intensidad y las hay que duran toda una vida. Las que se van y regresan. Las que se van y no lo hacen. Las que no has mirado nunca a los ojos, pero sabes como son. Las que te buscan y te encuentran siempre. Las que buscas y encuentras, también. Las que volverás a encontrar en otra vida que pudiera existir…

¿Cómo decirles que…?

Es difícil escribir sobre la amistad, porque la amistad se siente, se experimenta, se vive!!!

 

Anuncios

Ocurrió…

… en aquellas temporadas largas que pasaba en Londres acompañando al chico de mi vida.

La ciudad nos regalaba una de esas tardes londinenses en las que el cielo se confunde con el gris del atardecer.

Estaba frente al ordenador navegando de un lado para otro sin un objetivo claro y lo vi. Unos cursos de Escritura Creativa por Internet desde la Escuela de Escritores de Madrid. Una idea estupenda para llenar las tardes grises y las esperas. Me matriculé.

Las conocí. Sonia, Ara, Reyes, Eli y Felicitas. Todas escribían, todas estaban repartidas por la geografía de España. Al final de curso nos encontramos físicamente con motivo de la presentación del libro conjunto de la Escuela, y empezó nuestra amistad.

Una amistad que se ha ido consolidando desde la distancia.

Y siempre, siempre reaparecen en los momentos difíciles.

Hemos compartido nacimientos, pérdidas, risas, llantos, presentaciones de libros, correcciones de manuscritos, blog,  accidentes, frustraciones y vida, mucha vida.

Unas seguimos ahí, escribiendo para quien nos quiera leer y otras han dejado la pluma sólo para su intimidad, pero todas sabemos que fueron las letras las que nos unieron.

Siempre pensé que las amistades se fraguan en las distancias cortas, pero desde que las conocí, me he dado cuenta de que los kilómetros no impiden que el cariño, el afecto  y la amistad, no solo sigan ahí, sino que además hace que crezca y crezca.

Somos las Plumas que el azar, el destino o como quiera que se llame, decidió juntar y yo me siento feliz por eso.

 

 

Os quiero cada día, Plumas, pero hoy necesitaba decíroslo desde la intimidad de mi blog, cuando vuelvo a descubrir que desde aquí he encontrado buenos amigos.

Me preguntaba…

Estábamos sentadas una frente a otra y removíamos en el pasado como si lo hiciéramos entre un montón de ropa vieja.

Y allí encontramos las palabras que nunca dijimos, las que dijimos y deseamos callar, los lugares que fueron comunes y después dejaron de serlo, las ocasiones que tuvimos para olvidar y las perdimos, la confianza mutua, entregada y fiel que se diluyó en una tarde de verano.

chicas

 

Te preguntaba donde debería dibujar la línea que marca hasta donde  se debe llegar para conservar una amistad.

¿Más lejos, más cerca?

¿Qué es lo que mide ese punto de inflexión en que decides que ya no  vale la pena luchar por ella?

¿Acaso alguien lo sabe?

¿Tú lo sabes?

Dos horas con Cristina…

Podría haberme encontrado con ella haciendo reiki (http://reikiessalud.com) o quizá comprando unas madejas de lana para tejer un bonito gorro (http://lilemomo.com), pero no, la conocí un día de agosto en la ciudad.

Y mi sorpresa fue comprobar que el té que nos tomamos juntas, no había sido el primero. Que habíamos hablado, reído, llorado y hablado de lo divino y humano, en el transcurso de otras vida.

Con Cristina me pasó lo que con alguna otra persona, que al verla, vi mi propio reflejo.

Seguimos hablando como si nuestra conversación se hubiera interrumpido en algún momento y en ese día de agosto, la volviéramos a retomar.

Y el tiempo pasó mientras yo miraba sus ojos profundos y dulces. Y me quedé con las ganas de volver a encontrarnos porque era como tomar un té con la serenidad.

Admiro su fuerza, su decisión y su bondad.

Y sé, porque lo sé, que compartiremos muchos momentos de nuestra vida.

Un placer conocerte, Cristina…

Pequeñas cosas…

… que duelen.

Hay pequeñas actuaciones de los demás que te duelen. Y lo peor de todo es que ni te imaginas porqué ese dolor, si la persona que lo ha infringido, ni es demasiado amiga, ni la estimas demasiado.

Entonces… ¿qué pasa?

Quizá que no quieres reconocer que te importa más de lo que tú crees o quizá que tu soberbia te lleva a pensar que eres, para ella, más importante de lo que en realidad eres.

Nunca he sabido administrar bien esas incomodidades que, de repente, te sobrevienen y que durante un tiempo te quitan la tranquilidad.

Hay amistades que sabes, casi desde el principio, que van a ser pasajeras, pero les abres tu corazón y te muestras tal y como eres.

Pero la emoción, el interés, el deslumbramiento por esa opiniones tuyas tan interesantes, dura lo que dura un suspiro.

Al final, el conocimiento ha roto la magia y tu corazón se ha convertido en una lluvia de confetis lanzados al aire por las manos de un niño en una fiesta.

Y te repites que ya lo sabías, que por qué has vuelto a confiar en alguien que apuntaba maneras de traidor, que nunca aprenderás.

Y entonces intentas olvidar, pero… la pregunta sigue estando ahí.

Sigues sin explicarte ese momento de tristeza, porque la tristeza está ahí para quien la quiera coger y tú ya has acumulado demasiada…