Un poema…

Quédate conmigo y pintaré de carmesí las flores del jardín,  dejaré versos entre tus manos en las tardes de verano y entre luna y luna escribiré una canción.

Quédate conmigo junto al mar, y cuando las verdes olas digan tu nombre, lo lanzaré al viento y sembraré el espacio con tu risa loca.

Quédate conmigo y entre las sábanas que recuerdan tu aroma y tu pasión, mis piernas se enredarán en tu cintura.

Quédate conmigo y vibrará la tierra, porque el destino nos eligió unidos y cruzó nuestros caminos mientras la vida soñaba.

 

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Fin de semana…

Hemos recorrido juntos el camino de la costa. El mar, que lame las rocas donde se acaba el acantilado, ha perdido la dulzura del verano y golpea con un sonido inquietante mientras se deshace en espuma. La luz se escapa entre los pinos y borda el paisaje en lilas y rosados.

Nos espera la casa en la isla, unos muebles de madera y unas cortinas, dibujadas de primavera que se impulsan con la brisa de la tarde intentando emprender el vuelo.

Tu brazo en mis hombros me recuerda la suavidad de tu piel y en tus ojos veo la promesa de caricias derramadas sobre el blanco de las sábanas.

La ventana se abre al horizonte de un bonito fin de semana.

 

Os deseo un fin de semana estupendo de la mano de Aretha.

 

Un lunes, un poema…

Sígueme

En los días con sabor a sal

En los instantes de sombra

En los minutos de gloria

Sígueme

Llorando sobre mis lagrimas

Riendo junto a mi risa

Suspirando en mi suspiro

Sígueme

En mi cuerpo anhelante

En mi mente esquiva

En mi sangre ardiente

Sígueme

En el camino elegido

En la vida de preguntas

En el viaje sin retorno

Sígueme y… Te seguiré…

 

Podía…

… haber sido un día como otro, pero… viniste.

Y recorrimos el camino que bordeaba el acantilado, yo con la mirada puesta en ti y tú con la mano en mi rodilla.

Al fondo las islas parecían fantasmas que envueltos en la neblina, jugaban con las gaviotas.

La cacofonía de los grillos corría entre las rendijas de las piedras mientras el viento ejecutaba un pizzicato rozando las hojas de los pinos.

Llovía con un repiqueteo constante y el agua se colaba entre las costuras de las palabras que tejíamos con el movimiento de las manos sedientas.

Hoy ya no estás, pero queda la huella en la piel que sedienta bebió de ti.

Y así entendí que con la lluvia de la mañana… llegó la inspiración…

Y que la inspiración… eras tú…

Acabo de leer…

a Kerouack

… dicen que siempre estaba persiguiendo algo que nunca encontró…

“…los únicos que me interesan son los locos, los locos por vivir, locos por hablar, locos por salvarse, deseosos de todo al mismo tiempo, los que nunca bostezan ni hablan de lugares comunes…

… sino que arden, arden, arden cual fabulosos cohetes pirotécnicos que estallan en el firmamento como arañas cruzando las estrellas…”

(Jack Kerouac)

adios1

… que buscó la vida a través del camino que desembocó en la Ruta 66…

Y así regresamos de nuevo a Ítaca…

… donde el fin está en el camino y no en el destino.