Mea culpa…

… vivir y escribir, dejándome llevar por los impulsos que se generan desde mi interior.

Es la idea que va revoloteando por mi cabeza desde hace varios días.

Vivir, escribir, sin pensar si lo que decimos va a molestar a alguien, si le va a gustar o no, si lo encontrará bueno, culto, interesante.

Desde siempre me ha gustado que las personas se sintieran a gusto conmigo, pero a lo largo de mi vida me ha podido dar cuenta que muchas veces buscando esa aceptación, he dejado de expresar sentimientos, opiniones, gustos que van  tan unidos a mí como el color de mis ojos.

Todo se ha quedado ahí, agazapado, esperando que un día  tomara la decisión de dejar de contentar a todos, para empezar a vivir, a escribir,  como si nadie me juzgara, como si nadie me leyera.

Entendiendo, que las miradas que llegan hasta lo que vivo, hasta lo que escribo, son reflejos de mi propia mirada. Con sus opiniones, sus gustos, su rechazo en algunos casos, su crítica “feroce”, pero siempre enriquecedora.

rostro de mujer

He llegado a esa conclusión que, por mi edad, ya debería haber llegado a ella hace tiempo, pero más vale tarde.

Nunca puedes contentar a todos. Ni cuando escribes, ni en la vida.

Lo realmente importante es desnudarte de todo lo que no seas tú, porque es la única manera de saber que, quien llega hasta ti, lo hace desde el conocimiento de lo que piensas, de lo que quieres, de lo que sientes y de lo que escribes.

Por eso vaya hoy ese “Mea Culpa” que espero seguir entonando para que nunca se me olvide que…

… me gusta ser yo y que me conozcan tal como soy…

… porque sólo de esa manera vives, escribes, tu vida y no lo que desean los otros que sea…

Y entonces ella descansó, porque el esfuerzo había valido la pena.