Me desperté…

… pensando, hoy no va a ser un buen día. Así, con una gran certeza de que mis premoniciones se cumplirían.

Me metí en la ducha, pero antes puse la radio. Soñaba una canción, y su melodía me llevó al primer beso. Sí, aquel que me dio un chico pelirrojo con la cara llena de pecas y que también fue el primero en romperme el corazón. Empezó mal mi vida amorosa, pero luego… tampoco me fue tan mal.

Después de tomar mi café mañanero, pasé del ascensor y bajé trotando los escalones. La ventana de la escalera dejaba pasar la luz y convertía el aire en pequeñas motas que brillaban como la estela que dejan volando mil mariposas. Sí, la belleza existe, y más en lo cotidiano.

Llegué a la calle empezando a dudar que se cumplieran todas mis premoniciones.

Me puse las gafas de sol para envolverme en un anonimato que fuera confortable. Y de repente, unos brazos me envuelven por la espalda, me giro y me encuentro con una sonrisa que, así de golpe, hace que me reconcilie con el mundo.

Buenos días, mi María, me dice mi vecino que tiene 11 años y casi me lleva una cabeza.

Camino y pienso que es posible que alguien crea que soy una ingenua, que no vivo en la realidad de la vida, si tan solo por una sonrisa puedo sentirme contenta, pero se equivocan.

Sé como se las gasta la vida y sé que más allá de mi pequeño mundo las personas mueren, sufren y lloran. Hablarles de sonrisas y esperanza resulta tan vacío como las lágrimas de un cocodrilo. Pero cada uno tiene una forma diferente de sobrevivir, en este mundo que no es demasiado amable.

El cielo tiene un azul deslumbrante, y hoy una sonrisa, ha hecho polvo mis premoniciones.

A cambio os dejo por aquí la mía 😉😉😉😉 para que la disfrutéis como lo haríais con un dulce helado de menta.