Palabras disidentes.

Israel (eldestrio.wordpress.com) me hace un regalo. Sólo fue un, como dice él, comentario escueto, pero ha captado todo el sentido de lo que yo le proponía. Pasión, sensibilidad, disidencia… Gracias, Isra!

Historias a Medida

La llamada le sobrevino mientras arrastraba su vieja pluma Parker por otro erial nevado al que sabía que nunca le llegaría la primavera del éxito. Palabras sembradas en otro folio más predestinado a terminar de ocupa en una papelera, ya fuera arrugado en la que había bajo la mesa, o puede que encuadernado para abultar con clase en alguno de esos vertederos de ilusiones que vacían cada noche las limpiadoras de las editoriales.

Ni siquiera recordaba haberse presentado a ese concurso, tan solo uno entre docenas. O cientos tal vez, boletos de una lotería inútil de la que los continuos fracasos no lograban rehabilitarla. Ni desde luego esperaba el imposible que ahora le estaban contando. Colgó. Tardó unos cuantos minutos en poder cambiar la Parker por un teclado.

Los pasajes llegaron por mensajero antes de que bajara de la nube, quizás para impedir que los pies hollaran de nuevo el…

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Tú que escribes…

Esa es la frase con la que empiezan. Sí, tú que escribes podrías expresar esto o aquello con más facilidad…

Y esta vez, me pidieron que escribiera sobre la amistad.

Me quedé pensando y me pregunté… ¿como decirles que…?

La amistad es tiempo, dedicación, cariño. Que igual que le abres la puerta para que entre, tienes que volverla a abrir cuando quiere salir por ella. Y que duele y te resistes, pero que no deja de ser importante el tiempo que le has dedicado porque esos instantes siguen siendo bellos. Que hay amistades que se desatan en un segundo, con una mirada, el contacto de una mano, una frase y que hay otras que se labran después de mucho tiempo. Que las hay que duran  muy poco pero contienen mucha intensidad y las hay que duran toda una vida. Las que se van y regresan. Las que se van y no lo hacen. Las que no has mirado nunca a los ojos, pero sabes como son. Las que te buscan y te encuentran siempre. Las que buscas y encuentras, también. Las que volverás a encontrar en otra vida que pudiera existir…

¿Cómo decirles que…?

Es difícil escribir sobre la amistad, porque la amistad se siente, se experimenta, se vive!!!

 

Divagando…

Leo lo que escribo y así mis palabras pasan a formar parte de la eternidad. De la tuya de la mía, de la nuestra.

Porque las palabras se las lleva el viento, pero cuando las escribo abro una puerta, dejo que lleguen a tus ojos y eso, las convierte en reales.

Hoy, con la luz de la tarde lamiendo las paredes de la terraza y tu mirada tranquila deslizándose por las páginas de ese libro que tus manos acarician, tomando el sol, paseando a tu perro o contándole un cuento a tu hijo, encuentro un motivo para escribir, para dejarme llevar por los sentimientos que me impulsan a llenar una página en blanco.

Quizá escribo… para que tú me leas.

Sí, tú, que me lees, porque en este momento he conseguido atrapar tu mirada… y eso, eso, es todo lo que necesito para seguir escribiendo.

¿Me equivoco?

Feliz fin de semana para todos!!!

 

Ocurrió…

… en aquellas temporadas largas que pasaba en Londres acompañando al chico de mi vida.

La ciudad nos regalaba una de esas tardes londinenses en las que el cielo se confunde con el gris del atardecer.

Estaba frente al ordenador navegando de un lado para otro sin un objetivo claro y lo vi. Unos cursos de Escritura Creativa por Internet desde la Escuela de Escritores de Madrid. Una idea estupenda para llenar las tardes grises y las esperas. Me matriculé.

Las conocí. Sonia, Ara, Reyes, Eli y Felicitas. Todas escribían, todas estaban repartidas por la geografía de España. Al final de curso nos encontramos físicamente con motivo de la presentación del libro conjunto de la Escuela, y empezó nuestra amistad.

Una amistad que se ha ido consolidando desde la distancia.

Y siempre, siempre reaparecen en los momentos difíciles.

Hemos compartido nacimientos, pérdidas, risas, llantos, presentaciones de libros, correcciones de manuscritos, blog,  accidentes, frustraciones y vida, mucha vida.

Unas seguimos ahí, escribiendo para quien nos quiera leer y otras han dejado la pluma sólo para su intimidad, pero todas sabemos que fueron las letras las que nos unieron.

Siempre pensé que las amistades se fraguan en las distancias cortas, pero desde que las conocí, me he dado cuenta de que los kilómetros no impiden que el cariño, el afecto  y la amistad, no solo sigan ahí, sino que además hace que crezca y crezca.

Somos las Plumas que el azar, el destino o como quiera que se llame, decidió juntar y yo me siento feliz por eso.

 

 

Os quiero cada día, Plumas, pero hoy necesitaba decíroslo desde la intimidad de mi blog, cuando vuelvo a descubrir que desde aquí he encontrado buenos amigos.

Me siento engañada…

Tengo una novela acabada, dos empezadas y un montón de proyectos en la cabeza, pero… envías tu novela aquí y allá y, en unos casos, te la devuelven casi a vuelta de correo (me pregunto si habrán tenido tiempo de leerla) y en otros ni siquiera te contestan. Por no mencionar a los que te dicen que puede ser interesante y luego piden que vendas 100 ejemplares y, si acaso, pues que ya hablaremos.

Lo sé, hay que ser realista. Hay que leer la opinión de los autores que se están auto publicando precisamente por esos motivos, pero tengo un punto de rebeldía.

La última editorial a la que la he enviado, me dijo que podía ser interesante, pero que tenía que pasar por “un lector profesional” (previo pago, por supuesto). El lector la valoró de una forma bastante positiva.

Yo, feliz y contenta.

Pero cual es mi sorpresa cuando veo que de la  editorial no me dicen ni una palabra sobre su representación o publicación. Me pongo en contacto con ellos y me dicen que esa novela, que en un momento les pareció interesante, ahora la tienen que volver a valorar.

¿Y qué voy a pensar? Pues que me siento engañada.

Quizá deba guardar la novela en un cajón y dejar que duerma allí el sueño de los justos, pero pienso (igual es puro egocentrismo) que escribirla me ha costado tiempo y esfuerzo y me gustaría que  pudiera llegar a alguien más.

El airecillo de la tarde mueve las cortinas y el sol alegra el salón.

Quizá, después de todo, no sea tan importante llegar a publicar…

…hay cosas que son bastante más importantes.

Tinta azul…

… azul, como el mediterráneo…

Has dejado deslizar tu pluma, atravesando tu imaginación, mientras las palabras danzan ante tus ojos.

No me preguntes el por qué de mi debilidad, por el sonido suave que rasga el papel con ritmo y cadencia de  sueños, de expectativas, de descubrimientos.
 
Tampoco, el motivo por el que quisiera perderme en ese azul denso y aromático que se mimetiza con el color de tus ojos.
 
Ni siquiera me preguntes, si se ha enredado mi mirada en cada uno de los sonidos que se componían al ritmo de tu pluma.
 

No quiero mentirte, sólo quiero perderme en la musicalidad de la composición que creas sobre el papel.

Hoy hablamos de escribir, por eso, no puedo por menos que dar las gracias a Josep porque me ha concedido una denominación al Premio Dardos.

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Y cuando hablo de escribir os tengo que decir que el blog de Salvela, (http://salvela.wordpress.com/) es un claro ejemplo de una pluma ocurrente, incisiva, con humor y al mismo tiempo cercana porque nos deja algunas perlas de lo que piensa y siente.

Una ventana estupenda a la que asomarse y que os recomiendo, porque os quedaréis allí.

Y ya sabéis, aquí tenemos un nuevo premio para compartir entre todos. Los que están y los que en sus paseos puedan llegar después.

Gracias, Josep, por tu amabilidad y por tu presencia siempre fiel y constante.

Los instantes…

Brilla la luz ambarina al anochecer.  Los abetos buscan un cielo despejado mientras se sacuden el sopor de la tarde y el césped sueña con la llegada del rocío

Los faroles iluminan un pórtico enmarcado en madera. Cuatro figuras a su sombra se sientan delante de una mesilla baja. Conversan.

La mujer es atractiva y tiene una voz dulce y sosegada. Habla del motivo que la inspiró para escribir su último cuento y ellos la miran con interés. Un interés genuino que se refleja en la expresión de sus ojos, inteligentes, vivos, cargados de matices. Dos hombres, dos vidas que tienen una cosa en común. Los dos aman. Los dos han recorrido muchos desiertos hasta encontrar lo que les exigía su corazón. Los dos, ya se han retirado a sus cuarteles de invierno a disfrutar de lo conseguido.

La cuarta figura, en una extraña dicotomía, los contempla desde lejos, aunque sabe que es una parte de esa imagen congelada en la belleza de un segundo.

Escribe, al igual que la mujer atractiva de voz dulce y sosegada, pero no encuentra, en aquel momento, las palabras que puedan definir la sensación de felicidad que eriza su piel.

Desearía poder guardar los instantes en un frasco de cristal y abrirlos cuando la nostalgia se cuele en los días que están por llegar. Quisiera rebuscar en las palabras que otros dijeron o en sus poemas, una definición a su sentimiento.

Pero pronto se da por derrotada, nadie puede expresar lo que siente, porque a lo que siente, sólo ella puede ponerle palabras.

Y, aún no ha aprendido lo suficiente para transmitir la intensidad de sus sentimientos a los demás.

Tendrá que aprender…

 

Escribo…

Escribo, escribo y escribo…

Desde la alegría, desde la serenidad, desde el calor.

Amaneció triste y nublado, pero después de la lluvia el sol inundó mi habitación y todo volvió a ser como antes.

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Sentí la ilusión de estar viva, de ser capaz de divertirme y disfrutar con las pequeñas cosas que me rodean.

De agradecer a todos aquellos que me aman, incluso en los momentos en los que no merezco ser amada. De amar yo a mi vez, sin freno, sin tasa, sin medida. Sin pedir cuentas a nadie. Amar, por amar y amando.

En las noches, en las que luna, compañera de mis sueños, me habla con su luz y trae para mí los que se habían perdido en el tiempo y en la distancia.

En el día, cuando construyo esos sueños, algunos veces inalcanzables por ser sueños y a los que me niego a renunciar, aunque no olvido que… los sueños, sueños son.

En la vida, que dibujo cada día, con los colores que deseo.

Sin volver la vista atrás.

Sin excusa, sin pretexto para vivir… para soñar con los ojos abiertos… para olvidar.

La autora…

“La noche era fría y oscura”… del, del, del… “La fría noche la envolvía con su oscuridad”… del, del, del… “Ana dormía mientras la oscuridad y el frío de la noche”… del, del, del…

El destello desolador de una página en blanco ilumina tenue la habitación, mientras el joven aspirante a escritor se desespera. Son las dos de la madrugada y los minutos caen, pesados como losas, mientras es incapaz de trenzar dos líneas. Su mente se centra en la idea recurrente de que está a punto de perder su mejor, quizá su única oportunidad, de hacer realidad el sueño de convertirse en escritor. La emoción y la alegría de cuando recibió la invitación a participar en un libro de relatos cortos ha quedado atrás, sepultada por las noches de insomnio ante el ordenador y los días durmiéndose por la esquinas, que a punto le han estado de costar el lugar de trabajo.

Esto no es lo que yo esperaba, piensa.

Necesita despejarse y de forma impulsiva coge las llaves de la moto y el casco. Montado en su Harley rasga el silencio de un miércoles de octubre mientras recorre las calles desiertas de su ciudad. El aire fresco de los primeros días de otoño actúa como un bálsamo que le serena el ánimo aunque no le trae la inspiración.

He de encontrar una buena idea. Sólo necesito eso, un buen punto de partida. Sabe que aunque su estilo no es ni mucho menos perfecto, lo importante de un relato es su fuerza y que ésta nace siempre de una buena historia.  Mientras conduce recuerda la presentación a la que asistió el viernes anterior.

Se encontraba paseando por las calles del centro de la ciudad, buscando, ya de forma bastante desesperada, alguna experiencia, alguna imagen, sobre la que escribir. Al pasar por delante de unos grandes almacenes se fijó en el cartel promocional de la presentación de un libro. No tenia prisa, no le esperaban, y pensó que quizá podría aprender algo. La poca fe, o la soberbia con la que entró en la presentación se transformaron en respeto al empezar a leer el libro que compró a la entrada. Y aquel respeto mutó en profunda admiración cuando escuchó a la autora explicar detalles del proceso de su escritura. Al final de la presentación, se acercó para que le firmase el libro, le comentó que él también era escritor, una pequeña mentira vanidosa, y que próximamente una editorial que ella también conocía iba a publicar algo suyo.

Si tuviese la mitad de su talento,  piensa ahora.

Aparca la moto en el parking y sube a casa dispuesto a realizar un intento desesperado. Son las tres y media, pero aún así le manda, a la escritora, un correo electrónico con el título “Hola” explicándole cómo ha disfrutado con su libro. Se queda mirando la bandeja de entrada durante unos minutos sin ninguna confianza en recibir respuesta. Y de repente… clink. El ordenador emite un sonido, aparece un uno entre paréntesis al lado de la bandeja de entrada y en la vista detallada un correo “Re: Hola”.

Increíble, está despierta, piensa.

El joven escritor se sienta ante la página en blanco, ahora ya no le da miedo. Empieza a teclear:

““La noche era fría y oscura”… del, del, del… “La fría noche la envolvía con su oscuridad”… del, del, del… “Ana dormía mientras la oscuridad y el frío de la noche”… del, del, del…”

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La claridad del atardecer rompe en rojo la línea del horizonte mientras una luz tenue inunda el cielo de la ciudad. Las farolas titilan en haces luminiscentes e iluminan una terraza en la que la autora toma pequeños sorbos de una taza que rodea con sus manos.

Su gesto es algo preocupado mientras retira de su frente unos mechones de pelo rebelde en los que se adivina alguna cana.

¡Han pasado tantos años!, piensa, mientras escucha la cacofonía de la ciudad que se prepara para el sueño.

Mañana habrá otra presentación, otro libro nuevo. Ya casi ha perdido la cuenta de todo lo que ha escrito. Pero… esta vez es diferente.

Sabe que todos piensan que ha triunfado. Sus libros adornan las más conocidas librerías de todas las ciudades del mundo y su nombre se escribe con ese tamaño de letra que sólo está reservado a quien ha alcanzado el Olimpo de los escritores. Da igual que tengas o no una silla en la Real Academia, lo importante es que muchas manos sostengan un libro con tu nombre y que las arcas de las editoriales se llenen con las ganancias.

La autora suspira. ¿Dónde quedó su sueño? Aquel sueño hermoso en el que escribía con entrega, más allá de los condicionantes del éxito y del dinero. ¿En qué recodo del camino alguien le ofreció un jugoso caramelo y ella lo tomó sin preguntarse si era suficiente?

No lo sabe, pero después de tanto tiempo, ha comprobado que no lo era. Mira lo viejos álamos, movidos por la brisa de un otoño incipiente, que adornan la avenida y acuden hasta ella los viejos deseos olvidados.

Escribir, escribir, escribir. Retratar la vida, la gente, las pasiones, los lugares. Contemplarlos con los ojos, describirlos con el corazón. Descubrir las historias que le eran ofrecidas día a día y encontrar a la vuelta de cada esquina un motivo que despertara su pasión y poderla llevar al papel.

En el libro que presenta mañana se arriesgó y ahora tiene miedo. Miedo de que este libro en el que ha colgado el corazón y ha volcado la pasión negada a todos sus demás libros, no tenga el éxito de los demás.

El café se ha quedado frío en la taza. El ronroneo suave y característico de una Harley circulando frente a la terraza, le hace levantar la cabeza. Otro de sus sueños no cumplidos… conducir una Harley.

Otra vez suspira, pero esta vez sonríe.

Ella no puede con una moto de ese tamaño, piensa. Ni tampoco, seguir escribiendo como lo hacía.

Una mesa y tres personas en ella. El editor, siempre presente, y una amiga. Una gran amiga que ella sabe que hará una presentación sincera y admirada.

Viejos ritos para nuevos libros, piensa la autora.

Levanta la cabeza y la cantidad de gente que ve le impresiona. Nunca podrá acostumbrarse a enfrentar tantas miradas en las que descubre, más allá de ellas, nuevas historias.

Vuelve a aletear en su estómago la incertidumbre.

Llega el silencio y el editor repite los mismos elogios de siempre. La concurrencia aplaude con fervor pese a que debe haberlo oído muchas más veces.

El turno de la amiga. Y es aquí donde la autora se reconoce porque sabe que su amiga ha compartido y comprendido su necesidad de cumplir un sueño.

Siguen los aplausos y la autora piensa si se han dado cuenta de que ella se ha convertido en otra persona. Si les gustará a ellos como escribe esa nueva persona.

Uno tras otro llegan llevando en las manos su libro. Le piden sus deseos. Ella los mira a los ojos mientras repite sus nombres e intenta que se vayan felices por sus particulares dedicatorias. Se sigue preguntando si han entendido.

Ha firmado muchos libros y está algo cansada, pero de repente levanta la mirada y encuentra otra que la observa con atención. Ojos oscuros detrás de unas gafas. Una chupa de cuero digna de una Harley. Pasa por su mente, veloz, el recuerdo de la noche anterior, el sonido de la moto frente a su terraza. Es un chico joven el que la mira entre curioso y admirado. El también escribe, le dice. Publicará dentro de poco.

La autora, con un toque de intuición, siente una pasión similar a la suya en las palabras del muchacho. Le anima, le deja su correo, cosa poco frecuente, y sigue firmando ejemplares. Con el rabillo del ojo observa al muchacho que, casi con esfuerzo, se aleja.

Vuelve a caer la noche sobre la terraza. Los álamos duermen. La autora con gesto cansado apura, esta vez con más urgencia, su café. Entra en la casa se acerca al ordenador y mueve ligeramente el ratón. Se ilumina y abajo en la parte inferior, un pequeño destello le indica que acaba de recibir un email.

¡Las tres de de la mañana!, se sorprende.

Lo abre con algo de curiosidad.

“… todos creen saber algo de usted, pero solo después de leer su libro creo que se puede decir que…”

La autora sonríe mientras recuerda la mirada de unos ojos oscuros detrás de las gafas y piensa; “los dos hemos encontrado una buena historia”