Travesuras de WordPress…

Parece que WordPress anda un poco despistado y, según me habéis dicho varios amigos, está enviando mis comentarios a Spam.

Os lo comento por si alguien los echa de menos… que me busque por allí.

Hoy os quiero dejar algo, que no sabría cómo definir, pero que me inspiró una conversación que tuve con una amiga a la que quiero y mucho.

Sí, es para ti y aunque mis letras no son suficientes, lo intento…

“Cae la cortina de la tarde,
y en el escenario de la vida,
un niño llora.

¿Quien inventó el miedo?, me pregunta,
Los hombres lo hicimos.

Sembramos extraños amaneceres
de aristas afiladas,
y le pusimos nombre al odio y al rencor.

Dibujamos en tonos oscuros,
lágrimas en los ojos de un niño, de un anciano,
y le llamamos pena y soledad.

Convertimos los atardeceres en fuego,
en aras de un dios desconocido,
y le nombramos dolor y tristeza.

¿Desaparecerá el miedo?, me preguntas.

Desaparecerá en tu mirada, le contesto,
cuando en ella
sólo brille la esperanza y la libertad”

Que sea una estupenda semana para todos, porque a pesar de todo, la esperanza está ahí, cerca, en el aire, esperando ser atrapada.

(Imagen de Pixabay)

Un buen día poetizando…

He abierto los ojos,

cerrado las puertas,

tomado en mis manos

una vida incierta.

Empiezo el camino

con miedos y penas

pensando olvidar

recuerdos que acechan.

Extiendo mis alas

rompo las cadenas

olvido el pasado

busco las certezas.

Lloro de alegría

destierro las penas

mi alma se abre

de esperanza llena.

Hoy, hoy, hoy es un buen día para abrir la ventana y volar. Volar alto y lejos y dejar que sólo el aire nos impulse.

(Imagen de Pixabay)

 

Dame…

Dame alas y te enseñaré a volar

Dame vida y respiraré contigo

Dame un camino y lo recorreré a tu lado

Dame un motivo y no lo pondré en duda

Dame una lágrima y la convertiré en nube

Dame un futuro y tejeré los días

Dame un atardecer y lo bordaré de colores

Dame tu sonrisa y haré que sea eterna

Dame un beso, dame un beso… y  ya no sé que haría.

Feliz semana a todos y sentiros queridos…

… y querer como si el mundo fuera a acabarse y eso pudiera salvarnos.

Y como puedo explicarlo…?

Es tan fácil  sentir… la alegría, la pena, la desesperación, el dolor!

Y tan difícil poder expresarlo con palabras!

Pero hoy, cuando cae la tarde y el cielo se envuelve con el manto de la noche, mi alegría se convierte en un sentimiento de plenitud.

Como si una mano te acariciara con ternura el corazón, mientras el cielo hubiera abierto una puerta y te dejara atisbar por ella tan solo un segundo, pero suficiente para comprender que no te había olvidado.

Me aferré a la esperanza y no me ha defraudado.

Hoy regreso contenta al río de Heráclito y no soy la misma de ayer, ni tampoco la de mañana, pero sigo pensando que no hay que hacerse preguntas sobre la vida, tan solo, descubrir su misterio.

Y hablando dpremios-tagsse agradecimientos, quiero dejar por aquí uno grande a Marcial Candioti (https://marcialcandioti.wordpress.com) por concederme el premio Tags.

No os presentaré el blog de Marcial porque ya conocéis todos la calidad humana que tienen sus escritos.  Pero si alguien no lo conoce, se lo recomiendo.

Como ya sabéis, no nomino a nadie porque todos merecéis un premio por el esfuerzo y la dedicación que dedicáis a cada uno de vuestros blogs.

Os doy las gracias a todos por vuestras miradas y por vuestros comentarios.

Y a Marcial que, gracias, gracias y gracias, ha sido un placer “conocerte”

 

Cambia la vida…

… en un minuto.

Podría haber sido otro día cualquiera, en el que el sol brillara en tonos amarillos, pero ha sido hoy, cuando la lluvia golpea los cristales y el cielo parece ajeno a todos los que nos cobijamos bajo su capa infinita.

Piensa en como puede cambiar la vida en sólo un minuto, y recuerda los días tranquilos, en los que su rutina le parecía un vacío existencial difícil de sopotar.

Le viene a la mente los murmullos a través de las paredes que le acompañaban al despertar, las mañanas apresuradas pisando un asfalto que siempre, le había parecido hostil, las tardes que se deslizaban prendidas de las letras de su libro favorito.

Ahora la mira en aquella habitación, iluminada en blancos y dotada de las últimas tecnologías y desea llorar porque no sabe lo que le espera.

Pero no, no llorará, porque en el fondo piensa que siempre queda un pequeño lugar para la esperanza. Y porque sabe que aunque la vida puede cambiar en un minuto…

… a ella, aun le quedan muchos minutos por vivir.

Sea cual sea su vida…

Poetizando…

Dile a la mar que me espere

que no demoro mi marcha

que con susurros de furia

me ha sorprendido la madrugada

Gaviotas de plumas negras

tiñen el cielo de ámbar

Vuelos que avivan mis penas

Entre el dolor y la rabia

Dile a la mar que me espere

Que solo anhelo su calma

Que aquí espero que el viento

Me devuelva la esperanza

Jirones de tristeza

Mecen muy lentos mi alma

Entre la luna y el sol

La noche y la luz blanca

Por el camino de atrás

Lento el paso, piel cansada

Se adivina una figura

Con pasion en la mirada

Dile a la mar que me espere

Dile que ya iré mañana

Que con el viento de tarde

Llegó la vida soñada.

El hombre…

“El hombre vive y muere muchas veces

entre sus dos eternidades” (Keats)

… lo leyó y se pusieron en marcha sus recuerdos…

Recuerdos dolorosos de un tiempo en que quiso perpetuarse y no pudo conseguirlo. Vuelve la vista atrás y se pregunta ¿qué hubiera sido su vida con aquella personita a su lado? ¿qué hubiera sido de su vida en común?

No encontró ninguna respuesta.

Igual que en aquellos momentos en los que, si se hubiera producido la destrucción de este mundo, mundial… ella, ni se hubiera enterado. Es más se hubiera dejado llevar como en un suicidio, pero sin la responsabilidad de haberlo provocado ella misma.

Tantas preguntas que quedan sin respuestas!!!

esperanza

Un día paseando su dolor por cualquier ciudad, se encontró en el interior de una librería. Miraba casi sin ver los libros. Aquellos queridos libros que siempre conseguían distraerla de sus preocupaciones, pero que, en aquel momento, ni siquiera le interesaban, o por lo menos era lo que pensaba entonces.

Pero seguía siendo ella y por eso se puso a hojear de forma distraída lo que tenía al alcance de la mano. No buscaba nada, no quería nada. Pero parece que hay momentos en los que el azar coloca, justo en tu camino, una caricia.

Un lomo azul con letras blancas, llamó su atención. “Muchas vidas, muchos maestros” decía. Lo cogió con un gesto cansado, de escepticismo.

¿Muchas vidas?, se dijo. Si esta que tengo, en este instante, me parece una condena. ¿Para qué quiero más vidas?

Lo abrió por cualquier página y leyó, “todo ocurre por algún motivo, aunque ahora tú no puedas encontrarlo”. Lo cerró rápidamente. Como si alguien le estuviera leyendo el pensamiento y le hubiera dado una respuesta.

Le pareció que el destino se estaba riendo de ella. Pero compró aquel libro.

Y lo leyó y volvió a leerlo muchas más veces.

Y… llegó un día en que no se contestaron sus preguntas, pero el tiempo la ayudó y pudo ordenar sus recuerdos mezclados con infinita nostalgia, pero ya sin dolor.

Y cuando el dolor intenta ganar ese terreno que ella defiende sin dejar que avance, es cuando recuerda que le quedan otras vidas en las que sus deseos podrían convertirse en realidad.

Un color para el recuerdo…

... del adiós…

He atravesado la casa en silencio. La penumbra se adueña de todo y no puedo evitar el recordarla como estaba la última vez.

La luz juguetona de abril, acariciaba los sillones, viejos y gastados que contaban horas de conversación, de risas, de canciones. Tactos de tardes interminables, en los que la madrugada nos sorprendía con su luz.

En la chimenea, ahora apagada, dormía Simón el perro de largas orejas, producto de mil razas y soledades, fiel al sonido de la voz del ama. De tu voz.

Una brisa muy suave levantaba las cortinas llenas de flores. Parecían pájaros empeñados en un vuelo imposible. Llevaban tu sello, tu gusto, tu color. Morados y lilas. Lilas y morados. Sobre un fondo blanco.

Blanco como el vacío, como una premonición.

Las puertas, abiertas, te acompañaban al jardín. Una explosión de verdes, rodeaba los rosales. Rojo sobre verde, rosa sobre blanco.

Mil olores me sorprendieron y despertaron tu risa. Azaleas, jazmines, prímulas.

los colores

Naranjas, rosas, azules. Competían con el color de tu pañuelo y la frescura de tu risa.

¿Tu risa, tu esperanza? Intento buscarla por los rincones de la casa vacía y ya no la encuentro. Ya no existe la esperanza. Marchó como las cortinas convertidas en gaviotas. Emprendieron su vuelo contigo.

Lo sabía, pero ocurrió demasiado pronto.

Sólo las puertas del jardín aún abiertas, me llevan a tu recuerdo. Y él es el que me empuja hacía la luz. Verdes, rosas, rojos, blancos, morados, amarillos, el color de tu pañuelo. Tu mirada.

La esperanza. El dolor. El color de tu sonrisa, de tu fuerza, de tu ausencia. El color transparente de mis lágrimas que bañan las flores, tus flores, tus colores.

El color del adiós…