Recuerdos…

Busco en el tiempo tus ojos verdes y allí me asomo. Veo tu fortaleza, tu seguridad. Todas las barreras que derrumbaste y que yo hice mías. Nunca quise parecerme a ti. Yo tenía que volar sola. Y ahora, pasado el tiempo, madre, quisiera dejar de ser en algunos momentos yo, por parecerme a ti.

Feliz día Madres!!!

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Mis héroes…

El boulevard flanqueado de árboles empieza a teñirse de verde. La primavera estrenada le va prestando su color y el sol tibio templa la mañana. Un airecillo suave que arrastra restos del invierno hace que la gente busque su calor.

Los bancos de madera van llenándose de mamás con bebés, pero mi mirada se detiene en una pareja de ancianos, que caminan por el centro del boulevard. Los dos con cabello  blanco, los dos andando muy lentos.

El coge la mano de ella mientras la empuja con suavidad hacia uno de aquellos bancos calentados por el sol. Se sientan muy juntos, como si cada uno tomara la fuerza del otro para sustentarse. Se miran, cuchichean y sonríen. Sus miradas tienen un aire de complicidad teñida de cariño. Parecen niños.

No puedo dejar de mirarlos… ¡se ven tan vulnerables¡

mis heroes

Pienso, cuantas noches en vela, cuantos días preocupados, cuanta vida empeñada tan solo en criar a sus hijos, y ahora…

Como alguien dijo… ellos son nuestros héroes, pero… ¿por qué envejecieron tan pronto?

Olvidan todo, se olvidan hasta de si mismos y de lo que fueron.

Ellos, que creaban hasta lo que no se había creado con tal de entregárnoslo, en su afán de facilitarnos la vida. Ahora su espalda está inclinada, como buscando de nuevo, aquella postura que tuvieron antes de nacer.

Me siento triste, yo no estaba preparada para esto, para enfrentarme a la vida sin sus consejos. Ellos eran mis superhéroes. Detrás de mis dudas, de mis fracasos, de mis éxitos, siempre han estado ellos, con esa fuerza que yo pensé que era eterna.

Y ahora esa eternidad se disipa como la niebla y me convierto en el nuevo héroe, con unos niños entre las manos, que no lo son, pero que hay que protegerlos como si lo fueran.

Y mis manos son sus manos, mis ojos son los suyos y mi corazón se ensancha para acogerlos con la ternura que ellos sembraron durante toda su vida.

Los ancianos se levantan, me acerco y al verme levantan sus manos en un saludo. Su mirada se ilumina. Llego hasta ellos y los tomo a cada uno de un brazo. Su peso es muy leve y así andando nos alejamos por el boulevard.

Ellos son mis ancianos, ellos son mis padres, ellos son mis héroes.