Un poema… pequeñito.

Se alejó sin volver la vista atrás,

mientras él la contemplaba

entre la cortina de agua

que surgía de sus ojos.

No le preguntó por su pasado,

ni le  propuso un futuro,

solo le pidió,

que le quisiera.

 

Felices días!!!

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Travesuras de WordPress…

Parece que WordPress anda un poco despistado y, según me habéis dicho varios amigos, está enviando mis comentarios a Spam.

Os lo comento por si alguien los echa de menos… que me busque por allí.

Hoy os quiero dejar algo, que no sabría cómo definir, pero que me inspiró una conversación que tuve con una amiga a la que quiero y mucho.

Sí, es para ti y aunque mis letras no son suficientes, lo intento…

“Cae la cortina de la tarde,
y en el escenario de la vida,
un niño llora.

¿Quien inventó el miedo?, me pregunta,
Los hombres lo hicimos.

Sembramos extraños amaneceres
de aristas afiladas,
y le pusimos nombre al odio y al rencor.

Dibujamos en tonos oscuros,
lágrimas en los ojos de un niño, de un anciano,
y le llamamos pena y soledad.

Convertimos los atardeceres en fuego,
en aras de un dios desconocido,
y le nombramos dolor y tristeza.

¿Desaparecerá el miedo?, me preguntas.

Desaparecerá en tu mirada, le contesto,
cuando en ella
sólo brille la esperanza y la libertad”

Que sea una estupenda semana para todos, porque a pesar de todo, la esperanza está ahí, cerca, en el aire, esperando ser atrapada.

(Imagen de Pixabay)

Era feliz…

Intento dormir, pero no puedo. Hoy ha sido un día difícil.

Luis era una persona feliz.

Su mujer, su hija, sus amigos, su trabajo.

La vida simple y sin complicaciones de un espíritu bueno que necesita, tan solo, lo que puede ver y tocar.

Hoy le he visto en el hospital deshecho en llanto. No puedo quitármelo de la cabeza.

cansancio

Hoy ha nacido su hijo. Le veo delante de aquel cristal que protege las cunitas de los recién nacidos. Hay un niño diminuto. Me lo enseña.

Parece como los otros bebés, pero ¡no! no es igual. Este es un niño diferente, por eso será especialmente querido.

El padre va al otro lado del cristal. Es grande y fuerte y ahora acuna a su hijo con una delicadez infinita, como si fuera un tesoro. Como si quisiera transmitirle su calor y decirle, sin palabras, que su amor le salvará.

El me ha mirado y he visto las lágrimas que brillaban en su cara. Una de ellas ha caído sobre la carita del bebé. El pequeño ha abierto los ojos. El padre ha sonreído.

Y yo me he alejado de allí con el alma hecha añicos.

Al llegar al coche era yo la que lloraba.

¡Cómo te puede cambiar la vida en un minuto¡ No lo entiendo.

Me pregunto si podemos dirigir nuestro destino o somos meros espectadores de un futuro ya establecido.

Quiero pensar que decidiré los caminos por los que quiero transitar, pero algunas veces dudo de que yo pueda decidir algo.

Luis era una persona feliz.