Que no existe…

Hay mañanas que merecen ser recordadas, algunas veces no sabes porqué pero hay otras veces que ese recuerdo resulta tan evidente que, sin que te lo propongas vuelve a tu mente a lo largo del día.

Hoy, es una de esas mañanas.

He abierto la puerta de la terraza al mar, al sol, al día y lo que he contemplado tenía una belleza tan serena que la sensación física de placer me ha empezado en las uñas de los pies y ha llegado en oleadas hasta la nuca.

Y es ahí cuando casi deseo morir por no poder trasladar al  papel todo lo que siento, veo, disfruto. No soy capaz de atrapar tanta belleza y la comunión perfecta que experimento ante los tonos maravillosos del azul, del aire limpio que transparenta las hojas de las palmeras, del trino que, como una canción, se desliza por mis oídos.

Y entonces, llega ese instante mágico por lo imprevisto, en el que haría un pacto con el diablo por encontrar ese vocabulario perfecto, ese instante inexistente en el que todo está permitido. Quizá descubrir el acorde desconocido, practicar sexo con quien no está permitido, viajar a la luna en un rayo de sol mientras suena la música de Norah Jones, invocar a las musas para que me confiesen su secreto.

Luz de sol que me acaricia, aroma de café, voces que me llaman. Se ha roto la magia… volverá otro día.

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Poetizando…

Dile a la mar que me espere

que no demoro mi marcha

que con susurros de furia

me ha sorprendido la madrugada

Gaviotas de plumas negras

tiñen el cielo de ámbar

Vuelos que avivan mis penas

Entre el dolor y la rabia

Dile a la mar que me espere

Que solo anhelo su calma

Que aquí espero que el viento

Me devuelva la esperanza

Jirones de tristeza

Mecen muy lentos mi alma

Entre la luna y el sol

La noche y la luz blanca

Por el camino de atrás

Lento el paso, piel cansada

Se adivina una figura

Con pasion en la mirada

Dile a la mar que me espere

Dile que ya iré mañana

Que con el viento de tarde

Llegó la vida soñada.

Los instantes…

Brilla la luz ambarina al anochecer.  Los abetos buscan un cielo despejado mientras se sacuden el sopor de la tarde y el césped sueña con la llegada del rocío

Los faroles iluminan un pórtico enmarcado en madera. Cuatro figuras a su sombra se sientan delante de una mesilla baja. Conversan.

La mujer es atractiva y tiene una voz dulce y sosegada. Habla del motivo que la inspiró para escribir su último cuento y ellos la miran con interés. Un interés genuino que se refleja en la expresión de sus ojos, inteligentes, vivos, cargados de matices. Dos hombres, dos vidas que tienen una cosa en común. Los dos aman. Los dos han recorrido muchos desiertos hasta encontrar lo que les exigía su corazón. Los dos, ya se han retirado a sus cuarteles de invierno a disfrutar de lo conseguido.

La cuarta figura, en una extraña dicotomía, los contempla desde lejos, aunque sabe que es una parte de esa imagen congelada en la belleza de un segundo.

Escribe, al igual que la mujer atractiva de voz dulce y sosegada, pero no encuentra, en aquel momento, las palabras que puedan definir la sensación de felicidad que eriza su piel.

Desearía poder guardar los instantes en un frasco de cristal y abrirlos cuando la nostalgia se cuele en los días que están por llegar. Quisiera rebuscar en las palabras que otros dijeron o en sus poemas, una definición a su sentimiento.

Pero pronto se da por derrotada, nadie puede expresar lo que siente, porque a lo que siente, sólo ella puede ponerle palabras.

Y, aún no ha aprendido lo suficiente para transmitir la intensidad de sus sentimientos a los demás.

Tendrá que aprender…

 

De poemas…

No siento el haberte querido,

sólo siento haber olvidado,

que detrás de tus ojos oscuros,

existían misterios vetados.

chica

El sendero guardó tus pisadas,

en la mañana teñida de mayo,

mientras la luz lloraba tu ausencia,

entre las piedras del viejo remanso.

No sé si vendrás, si viniste,

no sé si te habré olvidado,

no sé si el viento de agosto,

te traerá hasta mí de la mano.

Cruza el aire,

roto ya el misterio,

ya no hay preguntas,

ya no hay pasado,

Queda la nostalgia, prendida en el aire,

de un tiempo tan solo soñado.