Pues sí…

Ayer, de madrugada, terminé el libro que estaba leyendo (La función perdida de María García-Lliverós) y no sé si por el contenido del libro o simplemente porque sí, me vino a la cabeza una frase que me parece recordar que es de Keynes.

“Sólo se puede vivir la vida de dos formas distintas; no creyendo en los milagros o pensando que… toda la vida es un milagro”

Y ahora imagino que pensaréis que eso de los milagros es una tontería. Pues sí, creo que los milagros tal y como los entendemos, pueden ser vestigios de una educación que nos ha hecho creer en demasiados dioses y cielos.

Pero… ¿y esos otros milagros?

Esos que se producen cada mañana cuando el sol nace y pinta el cielo de rojo o cuando la lluvia dibuja senderos en los cristales y hace brillar las farolas.

Esos que nos hacen volar cuando bailamos apretaditos con la persona que amamos o cuando nos despertamos a su lado y envueltos por sus brazos cada mañana.

Los que se reflejan en los ojos de un niño cuando le llevamos al país de las hadas y los dragones o le hacemos sonreír.

La calidez del  mar  en un día de verano, el reflejo de la luna sobre sus aguas, la fuerza de la tempestad.

El cielo desde lo alto de la montaña, la serenidad y el silencio, los árboles, las flores.

La compasión, la dulzura, la fortaleza, la sinceridad, el valor, la amistad, el deseo.

¿No son pequeños milagros que nos acompañan cada día? Pues esos son los milagros en los que creo.

Feliz comienzo de fin de semana a toditos, todos.

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Un juego…

Juego? Un juego me has dicho?

Si, eso es lo que te he dicho, me has respondido.

Y tú crees que la política es un juego? Porque lo que me ha parecido entender es que me has dicho “el juego de la política”

He visto tu mirada y me he dado cuenta, con algo de inquietud, que ni sabías de qué te estaba hablando.

Porque yo pienso que la política no es un juego. La política es una toma de decisiones que afectan a las gentes, a los pueblos, a la sociedad.

Sí, y también es el ejercicio del poder para minimizar los enfrentamientos entre los distintos posicionamientos de esa sociedad que espera que ejerzas ese poder de una forma justa, moderada, digna y equitativa.

Me da miedo pensar que, de alguna manera, volvemos al inicio de esa política en la que el poder lo ostentaba aquel que era el más fuerte de la tribu. Ahora lo ostentan los más embaucadores, cínicos y corruptos. Una forma de violencia psicológica tan poderosa como lo es la violencia física.

¿Qué pensar cuando todos los poderes que, tanto se esmeró Montesquieu en separar, se cruzan, interfieren unos con otros y pierden cada día su independencia?

Cuando se reúnen todos en el mismo lugar ¿no es eso el despotismo?

Pero… ¿qué te ha pasado, te has comido a algún político?

Pues sí, y parece que se me ha atragantado…