Yo creo…

Creo que hay personas que llenan tu vida y hay otras que incluso la llenan cuando no están.

Sentada en una cafetería me he entretenido viendo como el sol pálido de esta primavera tardía, desaparecía perseguido por las nubes negras de tormenta. La oscuridad también ha empañado mis pensamientos y he regresado a tu memoria como tantas veces lo he hecho desde que te fuiste, con esa despedida tan terrible, como definitiva.

La lluvia, sigue dibujando los recuerdos de aquellas tardes de primavera madrileña cuando el agua dibujaba senderos sobre los cristales y la vida parecía eterna o quizá pensábamos que lo éramos nosotros. No queríamos creer que nada era eterno y si, en algún momento, pensamos que sí,  nos reímos porque nuestra amistad se vestía con los mismos hilos con los que se tejen los sueños cumplidos.

Llenaste mi vida de amistad, de risas, de discusiones, de sueños, de lluvia brillando  en el asfalto mientras recorríamos las calles sin ningún destino. Le echamos un pulso al destino y perdimos. Me dejaste, mientras caminabas hacia ese lugar del cual dicen que no se vuelve nunca, pero cuando la lluvia cae con la misma intensidad que se dibujaba en tu mirada, vuelves para soplarme al oído lo que intento no olvidar.

Que sigues viviendo en mi vida igual hoy que entonces, amigo mío.

 

No hay tristeza, sólo algo de nostalgia,  sensación física de lo efímero, doblar esquinas envuelta en recuerdos que se diluyen como la niebla de esta primavera tardía.

 

 

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Viajar…

Cuando la tarde moría a golpes de segundos y los últimos rayos de sol iluminaban los adornos dorados del tren de madera que me alejaba de Soller, recordé esta frase:

¿Viajas para revivir tu pasado?  -era en ese momento la pregunta del Khan, que podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro?

Y la respuesta de Marco: 

El otro lado es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá (Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles).

Y me di cuenta de que había viajado hasta allí para recuperar esa parte de mi pasado que recordaba brillante, luminosa, como todo aquello que el paso del tiempo dota con una belleza que, como en la mayor parte de los casos, no era como la imaginamos,en la distancia que crea el tiempo.

Cerré los ojos y extendí la mano, La tuya se encontró con la mía. Y allí estaba mi futuro. Lo vi escrito en tus ojos. Siempre había estado, desde el primer día que te conocí. Y te amé de nuevo. Nuestra historia no tenía esa belleza brillante y luminosa. Nuestra historia crecía entre luces y sombras. Entre risas, lágrimas, enfados y desencuentros. Pero crecía con toda la fuerza que surge de un amor que iba más allá de la belleza, de la fantasía. Que iba más allá del propio amor.

Sentí que nada me había defraudado en este viaje por la vida. Estabas tú. Y Marco, en este caso, no tenía razón, yo, en este viaje, he descubierto lo mucho que he tenido y lo que tendré.

Hoy es lunes, lunero… que el día os sonría a todos.

Un cariñoso recuerdo…

Regresé del espacio exterior y otra vez estoy entre vosotros. Vuelvo a asomarme a todas vuestras ventanas, pero antes de hacerlo, quiero dejar un humilde homenaje.

Ayer comprobé, otra vez, que las palabras nos acercan a las personas mucho más de lo que pensamos. Ayer se me escaparon las lágrimas.

Se fue, con ese adiós tremendo por lo definitivo, un bloguero muy admirado por mí. Un hombre del cual aprendí muchas cosas. Que sin haberle “conocido personalmente” era un referente de fortaleza y de humanidad.

Aprendí, que la vida hay que lucharla cada día, que expresar el dolor, la impotencia, la rabia, es una catarsis saludable, que el amor, el cariño y la generosidad, hacen el viaje mucho más fácil, que expresar la debilidad es un signo de fortaleza, que las historias de amor existen y que “hay que vivir”, hasta el último aliento.

“A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero” (Miguel Hernandez)

Buen viaje, Dani-Fotonauta, ahora podrás volar libre, pero entre nosotros seguirá vivo el espíritu de tus letras y las miradas que captaste desde tu cámara y que compartiste con las personas que te acompañamos.

Te echaremos en falta…

Un viernes y un poema…

Hoy he vuelto a encontrarte,

Hay un color de olvidos en el agua

Y un suspiro de romero y de tomillo.

Un rumor de sonrisa,

Un recuerdo en el fondo de tus ojos,

Y un vivir muy adentro la esperanza

Los murmullos olvidados,

Tejen sombras azules

Que juegan con la almohada.

Un batir de olas,

Que te alejan y me matan

Con sonidos de espuma enamorada.

Tú y yo y el mar,

Una alborada

Y una vida sin ayer y sin mañana.

 

Viernes… se abre el fin de semana y desde la esquina de la ventana… nos llama!

 

Sed felices!!!

Dicen que…

… los árboles no te permiten ver el bosque.

En mi caso, las palmeras no me dejan ver el mar. Han crecido demasiado.

Pero por eso, porque no soy capaz de ver el bosque… te echo de menos.

Con la misma intensidad que en el momento en que te fuiste. Y cuando quiero marcar tu número, me doy cuenta de que ya no estás. De que ese número sigue estando en mi memoria, pero que aunque sonara la señal, tú no podrías contestar, porque te fuiste para no volver. Con ese adiós tan definitivo, cruel y doloroso que, hasta mi piel siente ese dolor tan gratuito y sin sentido.

Hoy, de otra manera, vuelve el dolor y por eso necesito compartirlo contigo.

Y, con tu recuerdo, vuelven nuestras imágenes. Los días de invierno, cayendo la nieve sobre Madrid, mientras con tu chupa y tu sombrero me enseñabas aquella ciudad que era la tuya de adopción. Los días de verano en las playas de Ibiza bajo un cielo, tan azul, que, como tu decías, era del mismo que el de mis ojos.

Tu recuerdo, se funde con mi preocupación, con mi decepción por una vida que adivino como una existencia porque vidas, estoy segura, que habrán muchas otras. Y en ellas te encontraré, me encontrarás y nos recuperaremos el uno al otro.

Porque sé que ahí se escribió. Tu y yo, no sé de que manera, no sé en qué lugar, pero volveremos a encontrarnos y te contaré todo lo que he vivido, sentido, sufrido y disfrutado, desde que te fuiste.

Busco, entre las hojas de las palmeras, que se despejan por el viento de la tarde, un trozo de mar.

No lo veo, pero sé que lo encontraré…

EL SILENCIO…

Sentada en la terraza, algunas tardes, veo el sol ponerse sobre el mar. La luz amarillo rojiza tropieza  y se rompe en mil pequeños espejos que caen en una lluvia brillante.

Es en ese momento cuando la serenidad parece un traje hecho a mi medida. Cuando desearía que el tiempo se parara en aquel segundo y yo hacerme una casa en él. No hay nada que turbe la paz de la tarde.

Solos el sol que se aleja, la paz y yo.

añoranza

Pero de repente, un click en mi cabeza me despierta del sueño en el segundo y noto una ausencia.

Y me pregunto… porqué el sol es menos luminoso y mi paz es menos placentera.

¿Por qué?

Y entonces llega tu recuerdo. Y necesito darte un nombre para hacerte real. Y necesito nombrarte para que formes parte de mi sueño. Pero tú ya eres real. Y es esa realidad la que me hace perder la calma.

Tú realidad, no la mía. Tu silencio, no el mío. Mi silencio es sereno, acogedor.

No hay olvido, tan solo cerrar todos los sentidos y disfrutar de una presencia lejana que se refuerza con esos sonidos del silencio.

En el silencio se recrean tus palabras, tus gestos, y en ese aparente vacío, se tejen todavía más los lazos invisibles que nos unen.

Tu silencio crea fantasmas de olvido, de ausencia.

Yo vivo en mi silencio que también es el tuyo, pero… ¿vivo yo en tu silencio?

 

Bailas…?

… me has preguntado mientras te deslizabas sobre las puntas de los pies.

Es a mí?  te he contestado intentando zafarme de tus brazos.

Claro! eres la única persona que está en esta habitación.

Pero tú sabes que yo no sé bailar.

Sí que sabes, me contestó.

Foto de Toni Catany

… su mirada y sus brazos me retaban a volver a decir que no.

… ya no recuerdo qué pasó.

Lo que sí recuerdo es…

… que la mañana del viernes… me sorprendió bailando…

 Foto de Toni Catany