La lírica…

Demasiado lírica, me dijo, mientras echaba con algo de desgana, el papel sobre la mesa.

Le miré.

Unos ojos redondos, tras unas gafas redondas en una cara redonda.

Y sonreí.

Pensé en el arco que acaricia el violín, en el murmullo del viento jugando entre las hojas, en las zapatillas de la bailarina deslizándose sobre la madera, en el murmullo de un ave pequeña y esquiva, pensé…

¿Demasiada lírica?

Su mirada se hizo inquisitiva.

Volví a sonreír, porque lo que él no sabía, y nosotros sí, es que la lírica sólo sale de la profundidad de uno mismo.

Porque…

Mi canto es mi lírica y mi lírica es mi alma que renace en cada verso que escribo.

Feliz semana, queridos…

Anuncios