Sensaciones

He cerrado la puerta tras de mi. Las calles se extienden mojadas por la lluvia y tapizadas por las hojas de los árboles. Parecen alfombras interminables que prestan un color dorado al paisaje. El aire aún es limpio y la cacofonía de ruidos se siente lejana. La ciudad aún no ha despertado. Camino despacio, sin prisas recreándome en la contemplación de su despertar. Las ventanas a mi paso se iluminan, como ojos que me observan.

Paso por delante de un banco de madera pintado con todos los colores de arco iris y un gato de piel negra y mirada redonda salta a mis pies. Camina un trecho a mi lado. Me ha elegido como su acompañante. Al poco se restriega contra mi pierna y me abandona. ¿Me habrá querido decir adiós?

El olor a pan recién hecho me asalta. Un muchacho con una gran bandeja de croissants sale de una furgoneta cercana. Se cruza conmigo y me sonríe. Sonrisa con croissant. Sólo falta el chocolate. Le sonrío.

Llego a la Gran Vía y me siento bajo los magnolios. Pocas personas pasan frente a mi, pero ninguna, como yo, puede  dejarse llevar por la luz que ya se perfila clara por el horizonte. Todas, caminan rápido.

Cierro los ojos y me pierdo en las sensaciones que me ofrece la mañana cuando aún es virgen.

Feliz semana, después de la lluvia con Eva Cassidy

 

 

 

Olvido y distancia…

Dicen que la distancia es el olvido.

¿Será que el olvido va creciendo a lo largo de esa distancia? No lo entiendo. Los sentimientos están ahí. Nada tiene que ver la distancia si nuestros sentimientos, sean hacia quien sean, son sólidos, verdaderos, reales.

El destino, siempre juguetón, me hizo querer a personas que estaban lejos de mi, en la distancia.

“Aquí estoy de nuevo, enfrente de ti, enfrente de mi, enfrente de los dos, mirándote, mirándome, directamente a los ojos del corazón.
Ayer me llamaste por teléfono y hablamos. Siempre nos ocurre lo mismo, y es que estaríamos hablando y hablando sin parar. Qué mala pasada puede ser la distancia. Porque dime tú sino tengo por aquí gente para elegir. Pues no, lo que quiero es hablar contigo. Pero no a través de un frío teléfono, sino en un bis a bis, más cálido, más sensual, más real.

Porque entras en mi con todos los sentidos, y eso requiere luz, aire, visión, tacto, oído y olfato.

Porque en un bis a bis hay contacto, como el contacto que tú sabes que estás experimentando ahora mismo, ahora que me estás leyendo, porque detrás de estas letras me escondo yo, mientras, bajito, te hablo, te susurro al oído. En una realidad que es casi tangible.

¿No te parece estar oyendo mi voz?

Amigo, sé yo durante unos instantes, por favor.

¿Querrías hacerme el favor de leerte esta carta en voz alta?

Ten la osadía, inténtalo. Saldré del papel y estaré, de verdad, contigo.
Pero sólo disfrutarás tú el momento. Mi momento también fue ahora, mientras te escribo, mientras me lees, mientras te imagino a ti, allí, lejos, hablando y escuchando a la vez. Esta realidad puede tener más poder que la realidad que te ocupa a ti en este momento.

Ya me conoces, así que haz de mí y actúa.

Y si no te sale, no pasa nada. Imagina entonces que eres tú quien me lo dices a mí, verás como así las palabras fluyen a preciosos intervalos, derramándose despacio por las laderas de esa sensación tuya y mía, que al menos yo, evoco cada vez que te recuerdo.

Amigo, qué sensación, amigo, qué recuerdos, qué imaginación, porque….. ¿acaso hay diferencia en la distancia?

No lo sé. ¿Y tú?

No, no creo que la distancia sea el olvido.