Conectada…

Se despertó aquella mañana acariciada por un rayo de sol que trepaba por su cama, dejando a su paso puntos de luz como alas de mariposas.

Se preguntó porqué buscaba la felicidad en los demás, en los amigos, en la familia y ella misma se dio la respuesta… estaba equivocada. Todo estaba allí, el cariño, el amor, la dedicación hacia ella, pero lo realmente eterno era lo que sentía en sus vísceras, en su corazón.

Eso, estuvo, estaba y estaría por toda la eternidad. Lo demás… podía ser pasajero.

He tardado en regresar, pero aquí estoy de nuevo… conectada.

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Sensibilidad o sensiblería…?

Sensibilidad; la capacidad de sentir afectos y emociones.

Sensiblería; el sentimentalismo exagerado o afectado.

¿Vosotros creéis que se puede confundir sensibilidad con sensiblería?

Yo pienso que no.

Esta tarde me han sorprendido al decir que se practica una sensiblería dulzona cuando se expresan los sentimientos.

No será la opinión, me pregunto, de alguien que a fuerza de sentirse especial ha decidido que las relaciones tienen que ir marcadas por sangre y fuego? Qué hay de la ternura, de la delicadeza?

No será la incapacidad para sentir esa sensibilidad lo que hace que algunas personas no puedan entenderla?

Todo ser humano siente, padece, ríe, ama, llora, comparte, sueña y se aleja, vuelve, se equivoca, acierta… y yo me pregunto; ¿todos esos sentimientos, afectos, emociones, es cursi compartirlos con la gente a la que quieres?

Todos nos merecemos una palabra amable y una palmadita en la espalda.

Expresamos poco a la personas que nos rodean y puede ocurrir que llegue un momento en el que esas personas ya no estén a nuestro lado para poder hacerlo. Entonces nos arrepentiremos de haber escatimado los “te quiero”

Nunca dejaré de regalar mis “te quiero”… y si eso es sensiblería ¡viva la sensiblería!

Aunque, sinceramente creo, que quien piensa eso, se equivoca.

Buen lunes… juntos podemos conseguir muchas cosas!!!

Los instantes…

Brilla la luz ambarina al anochecer.  Los abetos buscan un cielo despejado mientras se sacuden el sopor de la tarde y el césped sueña con la llegada del rocío

Los faroles iluminan un pórtico enmarcado en madera. Cuatro figuras a su sombra se sientan delante de una mesilla baja. Conversan.

La mujer es atractiva y tiene una voz dulce y sosegada. Habla del motivo que la inspiró para escribir su último cuento y ellos la miran con interés. Un interés genuino que se refleja en la expresión de sus ojos, inteligentes, vivos, cargados de matices. Dos hombres, dos vidas que tienen una cosa en común. Los dos aman. Los dos han recorrido muchos desiertos hasta encontrar lo que les exigía su corazón. Los dos, ya se han retirado a sus cuarteles de invierno a disfrutar de lo conseguido.

La cuarta figura, en una extraña dicotomía, los contempla desde lejos, aunque sabe que es una parte de esa imagen congelada en la belleza de un segundo.

Escribe, al igual que la mujer atractiva de voz dulce y sosegada, pero no encuentra, en aquel momento, las palabras que puedan definir la sensación de felicidad que eriza su piel.

Desearía poder guardar los instantes en un frasco de cristal y abrirlos cuando la nostalgia se cuele en los días que están por llegar. Quisiera rebuscar en las palabras que otros dijeron o en sus poemas, una definición a su sentimiento.

Pero pronto se da por derrotada, nadie puede expresar lo que siente, porque a lo que siente, sólo ella puede ponerle palabras.

Y, aún no ha aprendido lo suficiente para transmitir la intensidad de sus sentimientos a los demás.

Tendrá que aprender…