Que no existe…

Hay mañanas que merecen ser recordadas, algunas veces no sabes porqué pero hay otras veces que ese recuerdo resulta tan evidente que, sin que te lo propongas vuelve a tu mente a lo largo del día.

Hoy, es una de esas mañanas.

He abierto la puerta de la terraza al mar, al sol, al día y lo que he contemplado tenía una belleza tan serena que la sensación física de placer me ha empezado en las uñas de los pies y ha llegado en oleadas hasta la nuca.

Y es ahí cuando casi deseo morir por no poder trasladar al  papel todo lo que siento, veo, disfruto. No soy capaz de atrapar tanta belleza y la comunión perfecta que experimento ante los tonos maravillosos del azul, del aire limpio que transparenta las hojas de las palmeras, del trino que, como una canción, se desliza por mis oídos.

Y entonces, llega ese instante mágico por lo imprevisto, en el que haría un pacto con el diablo por encontrar ese vocabulario perfecto, ese instante inexistente en el que todo está permitido. Quizá descubrir el acorde desconocido, practicar sexo con quien no está permitido, viajar a la luna en un rayo de sol mientras suena la música de Norah Jones, invocar a las musas para que me confiesen su secreto.

Luz de sol que me acaricia, aroma de café, voces que me llaman. Se ha roto la magia… volverá otro día.

Anuncios

Cierro la puerta y… Regreso

Ha llegado el amanecer. Desde la terraza veo el mar que refleja la luz cálida y dorada de la mañana. Siento el aleteo de la nostalgia pero sonrío cuando el mirlo de pico amarillo me mira desde la palmera y parece con su trino, dedicarme su despedida. ¿Volverá el año que viene? ¿Volveré yo?

Aquí se quedan los días cortos y las noches largas, mis amigos del verano, los anocheceres dorados, el aroma a madreselva, el sonido del mar tejido entre nuestras conversaciones, el libro que terminé, la hamaca que mece mi sombrero y la terraza como testigo de un verano insólito.

Intento grabar en mi retina todos los azules del mar para que me acompañen en mi regreso y me recuerden en los largos días de invierno el tiempo de verano que he vivido.

Cierro la puerta y no vuelvo la vista atrás.

Me espera otra estación, otro lugar, otras conversaciones y otros momentos felices.

Me esperáis vosotros y regreso con las esperanza de que no me hayáis olvidado.

Regreso feliz…

De lunes, lunero…

El sol entró despacio, en silencio, y trepó por las esquinas de mi cama. Abrí los ojos. La sensación de verano me acarició la piel.

Hoy era lunes, lunero.

Atrás quedo el fin de semana. Tu presencia en mi cama, mi vida y mi piel. La vida se me ofrecía en cada minuto lejos de ti pero lleno de tu ausencia, tus promesas, tu regreso.

Recogí el día, airee los suspiros, ordené mis caricias y guardé mis besos.

Hoy era lunes, lunero…

Sólo dejé una pregunta en mi mirada… ¿Volverás?

Y el aire tibio de la mañana me trajo una respuesta… Volveré.

Feliz semana… os dejo con la suavidad de Norah Jones.

Me siento engañada…

Tengo una novela acabada, dos empezadas y un montón de proyectos en la cabeza, pero… envías tu novela aquí y allá y, en unos casos, te la devuelven casi a vuelta de correo (me pregunto si habrán tenido tiempo de leerla) y en otros ni siquiera te contestan. Por no mencionar a los que te dicen que puede ser interesante y luego piden que vendas 100 ejemplares y, si acaso, pues que ya hablaremos.

Lo sé, hay que ser realista. Hay que leer la opinión de los autores que se están auto publicando precisamente por esos motivos, pero tengo un punto de rebeldía.

La última editorial a la que la he enviado, me dijo que podía ser interesante, pero que tenía que pasar por “un lector profesional” (previo pago, por supuesto). El lector la valoró de una forma bastante positiva.

Yo, feliz y contenta.

Pero cual es mi sorpresa cuando veo que de la  editorial no me dicen ni una palabra sobre su representación o publicación. Me pongo en contacto con ellos y me dicen que esa novela, que en un momento les pareció interesante, ahora la tienen que volver a valorar.

¿Y qué voy a pensar? Pues que me siento engañada.

Quizá deba guardar la novela en un cajón y dejar que duerma allí el sueño de los justos, pero pienso (igual es puro egocentrismo) que escribirla me ha costado tiempo y esfuerzo y me gustaría que  pudiera llegar a alguien más.

El airecillo de la tarde mueve las cortinas y el sol alegra el salón.

Quizá, después de todo, no sea tan importante llegar a publicar…

…hay cosas que son bastante más importantes.

Uñas de rojo pasión…

Hay días que se levantan nublados…

Aunque hayas salido a la terraza y una luz deslumbrante de verano te reciba casi a golpes de tambor.

Pero tú te has despertado intuyendo que no iba a pasar nada bueno.

Suena el teléfono uñas rojasy se confirman tus peores temores. Te has vuelto a equivocar, has fallado en lo que te habías propuesto, pese a intentar hacer las cosas bien no lo has conseguido. Tus ideas no pueden competir con las de los demás porque son demasiado diferentes.

No es la mejor noticia del mundo, pero ¿por qué te extrañas? Lo sabías mucho antes de que el sonidito agudo del móvil, se colara entre la maraña de ideas grises que te acompañan.

Decides que casi sería mejor volverte a la cama y esconder la cabeza bajo las sábanas y desde allí regodearte en ese estado de ánimo agorero, sin que nadie perturbe tu desazón.

Pero no, camino de tu deseado agujero de fácil acomodo, ves un libro olvidado encima de la mesa.

¿Quien lo olvidaría aquí? Te preguntas… Y así, casi sin darte cuenta, lees el título “Las diosas de cada mujer” (Jean Shinoda Bolen).

Piensas que es una broma.

¡Bonito título, justo con el día que tengo! Pero la curiosidad, puede más que los nubarrones que te envuelven y lo abres por una página al azar.

Y lees, justo por la página 62:

“Si una mujer es completa en sí misma, estará motivada por la necesidad de seguir sus propios valores internos, de hacer lo que tiene sentido para ella o le llena, con independencia de lo que piensen los demás”

¡Vaya! No sé si soy Artemisa, Afrodita, Atenea o Hestia, pero lo que sí sé es que, como otras veces, dos líneas de cualquier libro, me han reconducido al camino en el que la búsqueda de la seguridad en mi misma, es la única meta.

Vuelvo a la terraza, brilla el sol y esta vez, le saludo.

No sé en qué se transformará mi día pero, en este momento, me siento como una diosa.

Quizá no tan bella como Afrodita, ni tan combativa como  Atenea, ni tan maternal y vulnerable como Hera, ni tan enérgica como Artemisa, pero …

… me pintaré las uñas de rojo pasión… por algo hay que empezar!

Sí…

… la luz ha entrado despacio y ha bordeado los extremos de mi cama…

Me ha dado un beso suave, mientras yo aún soñaba.

No quiero despertar, pero alguien me espera…

… ¿eres tú?…

Pensé que eras un sueño…

Sí, me has contestado, soy tu sueño…

… déjame volar como el viento salvaje y que el sople a través de tu corazón…

… y la semana empezó.

Feliz semana a todos. Sed felices o por lo menos, intentadlo!!!

Me enamoré…

… de él cuando leí sus poemas…

El hombre bueno, tolerante, con un don poético genial…

libros5

“Yo también canto al sol cuando sale a mediodía o, como ahora, cuando se pone,

Yo también me estremezco con el cerebro y con la belleza de la tierra y de todo lo que crece en ella,

Yo también he sentido la llamada irresistible de mí mismo” (Walt Whitman)

… que compartió con nosotros su visión sobre los problemas eternos del hombre.