Un poema…

Quédate conmigo y pintaré de carmesí las flores del jardín,  dejaré versos entre tus manos en las tardes de verano y entre luna y luna escribiré una canción.

Quédate conmigo junto al mar, y cuando las verdes olas digan tu nombre, lo lanzaré al viento y sembraré el espacio con tu risa loca.

Quédate conmigo y entre las sábanas que recuerdan tu aroma y tu pasión, mis piernas se enredarán en tu cintura.

Quédate conmigo y vibrará la tierra, porque el destino nos eligió unidos y cruzó nuestros caminos mientras la vida soñaba.

 

Anuncios

Los sueños…

Y ahí están tus sueños, mis sueños, tus pensamientos, nuestra locura.

Y ahí es donde encontramos al otro que somos, sin dejar por ello de ser los mismos que éramos.

La vida nos trae insólitos regalos…

Yo encontré uno de ellos… perdido en el terciopelo oscuro de aquellos ojos que me miraron en un verano incierto.

“Ay, amor mío! qué terrible es estar vivo… sin el arma de tu cuerpo, sin tu latido…”

A por este lunes…

Poetizando el tiempo…

UN SEGUNDO

Solamente hay un segundo
entre tu cuerpo y el mío
y no bastan las palabras
han perdido su sentido.

Las manos cortan el aire
dibujando un recorrido
desde mi pecho a tu pecho
enredándose en suspiros.

Tu boca busca mi cara
y de nuevo la dibuja
labios rojos, piel morena,
ojos color aceituna.

Mi cuerpo te reconoce
atravesando el segundo
y ya no existe distancia,
quisiera parar el mundo.

Que la vida nos arrastra
Y el tiempo nos pertenece
Es demasiada la lucha
si entre dos amores mueres

 

 

 

Poetizando…

Mañana naceré, hoy se muere el alma

Mis ojos descubren la senda trazada

En un largo año lleno de nostalgia.

Nostalgia de un sueño y vidas pasadas

Mañana naceré, hoy no queda nada

Mi boca se cierra, sedienta, cansada

De falsas promesas, de besos de agua, de caricias locas y sonrisas vanas.

Mañana naceré, hoy no hay esperanza

Mis manos abiertas buscan la mañana,

La vida, la luz, la pasión, la calma.

Mañana naceré…

… nacerá mi alma

09-42-21-136_950x510

Mi canto es mi lírica y mi lírica es mi alma que renace en cada verso que escribo.

 

Feliz  lunes a toditos, todos los humanos…!!!

Era un sueño…

La noche es oscura, a través de una nube un rayo de plata se refleja sobre el mar, pero Marte una noche más, alumbra en rojo y la plata se tiñe de color. Miro el cielo y es blanco, adivino que miles de estrellas blancas lo atraviesa.

Una de ellas cae a mi lado y una manada de caballos sale de su interior. Galopan por la playa levantando espuma blanca. Sus patas esbeltas se curvan impulsadas por el ritmo de la carrera. Estoy soñando. La manada galopa sin cesar y las dunas de arena dorada se deslizan una tras otra, creando dibujos imposibles. Las crines de los caballos ondean al viento y su pelaje, zaino, alazán, melado, brilla por el sudor que resbala por sus cuerpos. La tierra tiembla con mil sacudidas, la arena se hunde en una espiral de tela de araña y la manada desaparece con ella.

Para volver a emerger en un campo sembrado de verde y amapolas. Ahora llevan jinetes, de oscuros turbantes y vestidos de azul, que galopan inclinados sobre sus monturas. Un ronco grito sale de sus gargantas y el aire vibra igual que la cuerda de una guitarra. La luz pugna con la oscuridad y en la batalla que libran, los jinetes se han convertido en estatuas.

Estatuas que adornan un paisaje a la orilla de un lago. Unas mujeres bailan y bailan mientras las faldas en torno a sus piernas se ensanchan hasta cubrir todo el espacio. Y en sus giros vertiginosos dejan estelas moradas, azules, amarillas. Siento que me envuelven y me convierto en una de ellas.

Gotas de agua, como lagrimas que golpean el cristal, arrastran a las mujeres y sus faldas. El mar en azul y plata las envuelve mientras a su alrededor, las estatuas cobran vida. La noche se encoge empujada por la luz. Los jinetes, los caballos, las mujeres y el lago desaparecen tras el estallido de una luz blanca. Blanca como las estrellas blancas.

Me despierto… era un sueño.

 

Un cuento…

… pequeño…

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

Mira, me dijo, tirando con energía de la manga de mi chaqueta mientras me mostraba con orgullo el reloj.

Rodeado de pequeños, y afanado en dibujar soles y pájaros, plantas y mariposas, sólo pude hacer un comentario  ¿Te has dado cuenta de que marca la misma hora que el reloj del campanario? Le  indiqué con un gesto.

reloj2

El niño no miró hacia el campanario, me miró con sus ojos rasgados y oscuros que se quedaron prendidos de los míos, con una expresión antigua e insondable. Vi desfilar por su fondo palacios blancos con paredes recubiertas de oro, hombres de armadura, fuego, destrucción, una mujer que lloraba sujetando a un niño,  un cóndor atravesando el cielo en vuelo bajo. Imágenes, imágenes que se sucedían una tras otra y que me hicieron perder la noción del tiempo. Aparté la mirada y volví a la realidad como si despertara de un sueño. Sacudí la cabeza y vi como el muchacho se alejaba despacio para sentarse en el suelo con las piernas cruzadas y cubiertas por el poncho multicolor que caía sobre sus hombros.

Pasado un rato el último chiquillo se alejó riendo con un lagarto pintado sobre el dorso de su mano.

Estiré la espalda mientras miraba la hora y al hacerlo comprobé que el pequeño del reloj seguía sentado en el mismo lugar. Parecía dormitar. Me acerqué con una sensación de inquietud que no quería reconocer.

¿Quieres que te pinte algo, aunque no sea tan bonito como tu reloj?, le dije.

El pequeño se levantó y se acercó a mí.

Me mostró su muñeca de nuevo, cogí su brazo y al mirarlo un escalofrío me subió por la espalda.

… la saeta del reloj  había recorrido los minutos que yo había utilizado en pintar las manos de los otros niños.

Palidecí, el niño me seguía mirando, pero esta vez… sonreía.

Empezamos…

… semana, instantes, vida…

Porque hoy es lunes, sí ese lunes, lunero… cascabelero y empieza todo otra vez.

Y dejamos atrás el fin de semana, las comidas en la terraza, los paseos a la orilla del mar, las copas al anochecer en aquel bar a media luz mientras contemplábamos la ciudad a nuestros pies.

lunes3

Nos ponemos el traje, los tacones, las gafas que ya vamos necesitando y… el despertador que nos impulsará de un maravilloso sueño a la realidad de las siete de la mañana.

Maravillosos lunes… que, pese a todo, ahí está, porque sin él… no habrían martes, miércoles…

Una sonrisa para este lunes incomprendido… un día que sólo será importante si somos capaces de compartir todas nuestras emociones con los que nos acompañan.

Te oigo…

… respirar a mi lado…

Te miro mientras tus párpados aletean agitados por el sueño…

hojas con lluvia

Donde estarás ahora…?  No lo sé,  tampoco me importa… tú siempre cumples tu promesas…

     …hoy es viernes y llueve, pero sé que estarás conmigo…?

 

 

 

 

 

 

 

01e9cd1e-a56f-3d5a-ab59-b06a15b4883f