Yo creo…

Creo que hay personas que llenan tu vida y hay otras que incluso la llenan cuando no están.

Sentada en una cafetería me he entretenido viendo como el sol pálido de esta primavera tardía, desaparecía perseguido por las nubes negras de tormenta. La oscuridad también ha empañado mis pensamientos y he regresado a tu memoria como tantas veces lo he hecho desde que te fuiste, con esa despedida tan terrible, como definitiva.

La lluvia, sigue dibujando los recuerdos de aquellas tardes de primavera madrileña cuando el agua dibujaba senderos sobre los cristales y la vida parecía eterna o quizá pensábamos que lo éramos nosotros. No queríamos creer que nada era eterno y si, en algún momento, pensamos que sí,  nos reímos porque nuestra amistad se vestía con los mismos hilos con los que se tejen los sueños cumplidos.

Llenaste mi vida de amistad, de risas, de discusiones, de sueños, de lluvia brillando  en el asfalto mientras recorríamos las calles sin ningún destino. Le echamos un pulso al destino y perdimos. Me dejaste, mientras caminabas hacia ese lugar del cual dicen que no se vuelve nunca, pero cuando la lluvia cae con la misma intensidad que se dibujaba en tu mirada, vuelves para soplarme al oído lo que intento no olvidar.

Que sigues viviendo en mi vida igual hoy que entonces, amigo mío.

 

No hay tristeza, sólo algo de nostalgia,  sensación física de lo efímero, doblar esquinas envuelta en recuerdos que se diluyen como la niebla de esta primavera tardía.

 

 

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