Tiempo de Furia…

Voy a escribir y las palabras se quedan contenidas entre mis dedos. Explicar de una forma  clara y comprensible lo que siento, pero… todo lo que acude a mi mente ya se ha dicho. Entonces… ¿qué podría añadir más?

Cuando era joven pensaba que sólo sentiría dolor por mi misma o por las personas que amara, pero ahora, aunque tarde, me doy cuenta de que estaba muy equivocada.

¿Y sabéis porqué? Porque hoy me duele todo.

Me duelen las personas que me rodean, me duelen las palabras rotas por los golpes, me duele la sinrazón, el interés, la hipocresía, el salvajismo y la violencia, me duelen las tergiversaciones, me duelen las banderas y quien las agita contra las diferentes opiniones, me duele el mal ejercicio del poder medido y controlado, me duele la falta de objetividad…

Me duele, me duele todo, en este tiempo de furia.

“No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
 
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo”
(Mario Benedetti)

 

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Algo que aprender…

Cada día me gusta menos leer el periódico, no sé si porque me cansa lo que nos cuenta o simplemente porque lo que nos cuentan es un montón de noticias manipuladas que  ya no me creo.

Pero no hay que abandonar porque alguna vez, sólo alguna vez, aprendes algo. Aunque en esta vez, no es, precisamente, nada que nos favorezca al ser humano.

Y es la palabra “Aporofobia” que significa fobia o rechazo al pobre.

Ya ves, dice la doctora en Filosofía Adela Cortina, que es el rechazo hacia quien creemos que nada nos puede ofrecer y que las raíces de ese rechazo existe en nuestro cerebro y en las condiciones sociales.

He sentido pena al leer este artículo del cual os dejo la dirección (http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170614/423381971627/todos-los-seres-humanos-somos-aporofobos.html) por si tenéis algo de curiosidad.

¿En qué nos hemos convertido si rechazamos a las personas que por no tener nada, no tienen ni siquiera derecho a vivir?

No puedo dejar de sentir esa pena.

Poetizo en un miércoles…

Cayó la noche,

me iluminó la luna, 

Sonrieron los hombres de mi vida.

Encontraste el amor?, me preguntaron.

Sí, entre vosotros lo dejé.

Ahora,

estoy desnuda”

Un día para oír la voz deliciosa de Natalie Merchant.

 

 

Mira mis manos, lo necesito todo, la dulzura, la luz, la oscuridad, las promesas rotas pronunciadas como plegarias. El abrazo, una canción de cuna, un beso…

Para Carlos (https://bymoya.wordpress.com/) que le gusta Natalie.

Lo que impacta y Todorov…

Buscar las noticias que más impactan, vomitarlas con sensacionalismo barato para reflexión de quien lee y escucha, pero… y después, ¿qué pasa después cuando la noticia que levantaba ampolla y sigue levantándola, se olvida y se busca otra porque la anterior ya no es de actualidad?

Pues ocurre que la tragedia, el dolor, el sufrimiento siguen vivos mientras la vida continúa.

Y os preguntaréis a qué viene esta reflexión mía.

Veo esos campamentos llenos de refugiados que se han jugado la vida cruzando el mar  y buscando nuestra solidaridad. Que han dejado su país, su familia en muchos casos, sus bienes, su vida entera y me invade una sensación de rabia que no puedo controlar al comprobar que les hemos dado con la puerta en la nariz. ¡Qué pena! Y nos llamamos humanos.

Pero siempre aparece un salvavidas para esa sensación de rabia e impotencia.

Oigo, a través del blog de Cristina, el discurso de agradecimiento por el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el 2008, que recibió Tzvetan Todorov y, de alguna manera, me reconcilio con nuestro género porque veo que aún hay personas públicas que pueden mover conciencias y que lo hacen.

Leo frases como estas:

 “El extranjero no solo es el otro, nosotros mismos lo fuimos o lo seremos, ayer o mañana, al albur de un destino incierto: cada uno de nosotros es un extranjero en potencia”,

“Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización”

“Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde fuera”

La tristeza es la misma, pero cuando sientes como piensa Todorov, sabes que pasará el tiempo y seremos capaces de entender que la persona diferente no es nuestra enemiga, sino que nuestra enemiga es la incomprensión, la cerrazón mental y la intolerancia.

Yo, por lo menos, necesito tener fe en que eso ocurrirá.

Por si os interesa, aquí os dejo el enlace:

http://verne.elpais.com/verne/2017/02/08/articulo/1486561307_927301.html?id_externo_rsoc=FB_CM

 

Travesuras de WordPress…

Parece que WordPress anda un poco despistado y, según me habéis dicho varios amigos, está enviando mis comentarios a Spam.

Os lo comento por si alguien los echa de menos… que me busque por allí.

Hoy os quiero dejar algo, que no sabría cómo definir, pero que me inspiró una conversación que tuve con una amiga a la que quiero y mucho.

Sí, es para ti y aunque mis letras no son suficientes, lo intento…

“Cae la cortina de la tarde,
y en el escenario de la vida,
un niño llora.

¿Quien inventó el miedo?, me pregunta,
Los hombres lo hicimos.

Sembramos extraños amaneceres
de aristas afiladas,
y le pusimos nombre al odio y al rencor.

Dibujamos en tonos oscuros,
lágrimas en los ojos de un niño, de un anciano,
y le llamamos pena y soledad.

Convertimos los atardeceres en fuego,
en aras de un dios desconocido,
y le nombramos dolor y tristeza.

¿Desaparecerá el miedo?, me preguntas.

Desaparecerá en tu mirada, le contesto,
cuando en ella
sólo brille la esperanza y la libertad”

Que sea una estupenda semana para todos, porque a pesar de todo, la esperanza está ahí, cerca, en el aire, esperando ser atrapada.

(Imagen de Pixabay)

Poetizando…

Hoy os dejo aquí un Poema Solidario para el Proyecto de Scripto.es destinado a Médicos Sin Fronteras.

Creo que es un Proyecto magnífico.

CIERRA LA PUERTA

Cierra la puerta, madre, cierra la puerta,

Que no quiero que entren las nubes negras,

Ellas llenan de polvo mis pensamientos

Y me persiguen oscuras hasta en mis sueños.

Esta noche, madre, miré a los cielos

Y las balas cubrían el firmamento,

no era brillante y luminoso

todo estaba cubierto de un tono rojo.

Dime, madre, dime, porqué nos odian,

Si como ellos somos carne y memoria,

Como ellos amamos y sonreímos,

Y solo deseamos nuestro camino.

Quiero volar, madre, quiero volar lejos,

Más allá de la luna y mis pensamientos.

Bajo un cielo azul lleno de estrellas,

Lejos del dolor y de la miseria.

Quiero dormir madre, quiero dormir,

Acurrucado en tu pecho,

Y que el sonido de la guerra

sea un mal sueño.

Cierra la puerta, madre, cierra la puerta.

María G. Vicent

Sorpresas blogueras…

Me ha dado por pensar. Y con esto no quiero decir que sólo piense en determinados momentos. Noooo. Pienso mucho, yo diría que algunas veces demasiado.

Pero… a lo que vamos… las sorpresas que me da este mundo de los blogs y sus blogueros.

Alguien ha llegado hasta mi blog, le ha gustado y me sigue. Hace comentarios y se pasa por allí de forma habitual. Un día me llega un email suyo en el que me cuenta cosas de su vida, problemas personales, sentimientos íntimos. Yo leo e intento no dar ningún consejo, ni mi opinión, ni nada que suene demasiado personal, porque al fin, lo ignoro todo de esa persona y hasta me da algo de pudor conocer sus asuntos más íntimos. Así que navegando entre querer solidarizarme con sus problemas y no ser demasiado “cotilla”, le contesto de la forma que me parece más apropiada.

Me contesta diciendo que soy muy amable, comprensiva y cariñosa.

Pasan los días y, de repente, esa persona que me ha “abierto su alma” deja de pasarse por mi blog y parece que no me conoce de nada. Por supuesto, sigo viendo que está en otros blogs.

No me siento engañada, ni dolida, ni decepcionada, sólo sorprendida, pero la situación me ha recordado esas escenas en las que el protagonista está sentado en la barra del bar y llega un desconocido y vuelca en él todas sus frustraciones y dolor.

Supongo que en este espacio que compartimos, de habitual suelen ocurrir estas cosas. Yo las acepto, pero no acabo de entenderlas.

Con el tiempo vas sintiendo cariño por las personas que pasean por tu blog y por las que visitas en los suyos. Por eso y aunque no es el caso de lo que os cuento antes, sientes algo de tristeza cuando ves desaparecer a determinados blogueros. Es lo que me pasó cuando desapareció Madame Bovary, Emma. Una bloguera que me fascinaba y a la que tenía un gran cariño. Pero también sonrío cuando leo a ese otro bloguero que casi nunca me pone un “me gusta” ni un comentario, pero sé que me lee.

Hoy es martes, día de otoño. Sigo pensando en ello, pero creo que durante el tiempo que he navegado por aquí he recibido más cariño que decepciones o tristezas.

Por eso, queridos todos, os deseo una semana estupenda y aquí seguiré, sorprendiéndome y espero que sorprendiéndoos cada día.

 

 

Y de la ternura…

Y de la ternura… qué?

– Buena pregunta, me has dicho.

No sé si es buena o no, pero echo en falta un punto de ternura entre el mundo que me rodea.

– Siempre has tenido los pies un poco en las nubes. ¿Pero tú crees que tal y como está el mundo, la gente se puede acordar de la ternura?

Pues precisamente porque este mundo es un caos de violencia, egoísmo, y sin razón, deberíamos pensar un poco en ello, no?

Me has mirado como si yo fuera una extraterrestre, así que he acortado las distancias…

He deslizado mis dedos por el óvalo de tu cara, por tus ojos, por tus mejillas y he lanzado un beso a medio camino entre tu boca y la mía.

Tu mirado ha cambiado…

¿Contesta esto a tu pregunta?, te he dicho.

Tus brazos abiertos han sido la respuesta.

“Nunca os olvidaré; continuo empleo
seréis de mi ternura y mi memoria,
y aunque en vano, también de mi deseo” (G. M. de Jovellanos)

 

 

 

Un cariñoso recuerdo…

Regresé del espacio exterior y otra vez estoy entre vosotros. Vuelvo a asomarme a todas vuestras ventanas, pero antes de hacerlo, quiero dejar un humilde homenaje.

Ayer comprobé, otra vez, que las palabras nos acercan a las personas mucho más de lo que pensamos. Ayer se me escaparon las lágrimas.

Se fue, con ese adiós tremendo por lo definitivo, un bloguero muy admirado por mí. Un hombre del cual aprendí muchas cosas. Que sin haberle “conocido personalmente” era un referente de fortaleza y de humanidad.

Aprendí, que la vida hay que lucharla cada día, que expresar el dolor, la impotencia, la rabia, es una catarsis saludable, que el amor, el cariño y la generosidad, hacen el viaje mucho más fácil, que expresar la debilidad es un signo de fortaleza, que las historias de amor existen y que “hay que vivir”, hasta el último aliento.

“A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero” (Miguel Hernandez)

Buen viaje, Dani-Fotonauta, ahora podrás volar libre, pero entre nosotros seguirá vivo el espíritu de tus letras y las miradas que captaste desde tu cámara y que compartiste con las personas que te acompañamos.

Te echaremos en falta…

Su sonrisa…

Está sentada frente a él. Hoy no sonríe. Y él echa de menos su sonrisa. Una sonrisa que empieza en su boca y viajando por caminos que desconoce, llega hasta sus ojos. Es ahí donde él se agarra para sortear todo lo que la vida pone en su camino.

Hoy, su mirada es serena, pero opaca. El brillo desapareció tras una cortina que él no se atreve a descorrer. Quisiera coger su mano, pero se da cuenta que ella  realiza un viaje tan íntimo y personal que todo, hasta él, le es ajeno. Observa sus ojos y sabe que ella, en ese momento, en su propia travesía por el desierto, siente y necesita la soledad. Pero, quisiera entender el por qué ha desaparecido su sonrisa.

Ella se levanta, deposita un beso en su cabeza y se aleja. El quiere respetar su silencio, su viaje, su soledad, pero un sentimiento que adivina perdido, le impulsa a seguirla.

Ella, no vuelve la vista atrás. Camina despacio, hasta el jardín, y cuando llega a los rosales, se detiene frente al blanco trepador que cubre una esquina y, como en un sueño, contempla la luz que se refleja en cada uno de sus pétalos cubiertos de rocío.

Unos pasos detrás de ella, él se para y como una tormenta que estalla en medio de la tarde, los recuerdos se atropellan unos tras otros en su cabeza.

La cortina se descorre, sabe por qué ella ha quemado su sonrisa en la hoguera de los recuerdos. Se le escapa un suspiro.

Y ella, extiende su mano, como un ancla de salvación, antes de que él se deje arrastrar por su olvido.

Lo acerca a su lado y la oye murmurar en un susurro:

Hoy Daniel, cumpliría 19 años…