Y de la ternura…

Y de la ternura… qué?

– Buena pregunta, me has dicho.

No sé si es buena o no, pero echo en falta un punto de ternura entre el mundo que me rodea.

– Siempre has tenido los pies un poco en las nubes. ¿Pero tú crees que tal y como está el mundo, la gente se puede acordar de la ternura?

Pues precisamente porque este mundo es un caos de violencia, egoísmo, y sin razón, deberíamos pensar un poco en ello, no?

Me has mirado como si yo fuera una extraterrestre, así que he acortado las distancias…

He deslizado mis dedos por el óvalo de tu cara, por tus ojos, por tus mejillas y he lanzado un beso a medio camino entre tu boca y la mía.

Tu mirado ha cambiado…

¿Contesta esto a tu pregunta?, te he dicho.

Tus brazos abiertos han sido la respuesta.

“Nunca os olvidaré; continuo empleo
seréis de mi ternura y mi memoria,
y aunque en vano, también de mi deseo” (G. M. de Jovellanos)

 

 

 

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Me prometí…

… no hablar aquí de nada que roce el tema de la política ni de la situación social…. y no es porque no me interese lo que está pasando, no, porque me interesa.

Tengo otros motivos…

Hablar de ello, me produce tal indignación, que mi natural más bien, conciliador, se transforma cual Jekyll y Hyde en un tumulto de improperios e insultos hacia esa clase política y económica que nos dirige. Bien desde un primer plano que no les favorece precisamente, bien desde ese segundo plano, que a mi parecer, es mucho más peligroso todavía.

Y a mí transformarme en lo que no soy me produce mucha inquietud. Tanto como la que experimento cuando veo o leo las noticias. Aunque tengo que decir que en los últimos tiempos me produce tal malestar lo que leo y lo que oigo, que cada vez lo hago menos.

Pero encontré esta conversación entre Colbert (Ministro de Finanzas) y Mazarino (Primer Ministro), durante el reinado en Francia del Rey Sol, Luis XIV:

graffiti

Colbert: Para conseguir dinero, hay un momento en que engañar al contribuyente ya no es posible. Me gustaría, Señor Superintendente, que me explicara cómo es posible continuar gastando cuando ya se está endeudado hasta al cuello…
Mazarino: Si se es un simple mortal, claro está, cuando se está cubierto de deudas, se va a parar a la prisión.  ¡Pero el Estado…! ¡Cuando se habla del Estado, eso ya es distinto!  No se puede mandar el Estado a prisión.  Por lo tanto, el Estado puede continuar endeudándose.
¡Todos los Estados lo hacen!

Colbert: ¿Ah sí? ¿Usted piensa eso?   Con todo, precisamos de dinero, ¿y cómo hemos de obtenerlo si ya creamos todos los impuestos imaginables?
Mazarino: Se crean otros.
Colbert:  Pero ya no podemos lanzar más impuestos sobre los pobres.
Mazarino: Es cierto, eso ya no es posible.
Colbert: Entonces, ¿sobre los ricos?
Mazarino: Sobre los ricos tampoco. Ellos no gastarían más y un rico que no gasta, no deja vivir a centenares de pobres. Un rico que gasta, sí.
Colbert: Entonces, ¿cómo hemos de hacer?
Mazarino: Colbert, ¡tú piensas como un queso de Gruyere o como un orinal de enfermo! Hay una cantidad enorme de gente entre los ricos y los pobres. Son todos aquellos que trabajan soñando en llegar algún día a enriquecerse y temiendo llegar a pobres. Es a esos a los que debemos gravar con más impuestos…, cada vez más…, ¡siempre más!
A esos, ¡cuánto más les quitemos, más trabajarán para compensar lo que les quitamos!
¡Son una reserva inagotable! 

Y este es el motivo por el cual no he podido evitar el dejarla por aquí.

¿No parece una conversación actual? Entonces… ¿qué está pasando?…

Quizá estemos condenados a servir de eterno sparring  a mentes perversas que solo se realizan teniendo el control y sin saber utilizarlo, como no sea para su beneficio.

Y en este momento… empieza la transformación… os lo avisé…